10 agosto 2026
10 ago. 2026

La realeza de Jesucristo

En comunión con toda la familia dehoniana a través de la adoración eucarística en memoria del 101.º aniversario del fallecimiento del Venerable Juan León Dehon, nuestro fundador, releemos su meditación sobre el reino de Jesucristo, cuyos códigos son, según él, «Mansedumbre y humildad, paciencia y caridad».


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Es la enseñanza de todo el Evangelio. Dios unió el Verbo encarnado a su realeza y le encargó gobernar el cielo y la tierra: «Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra. – Todo me ha sido entregado por mi Padre», dice Nuestro Señor en San Mateo (capítulos 28 y 11). «El Padre ama al Hijo y ha entregado todo en sus manos. – Padre mío, mis discípulos eran tuyos, pero tú me los das a mí», dice también Nuestro Señor en San Juan (capítulos 3 y 17). «Su Padre lo puso todo bajo su dependencia y lo constituyó cabeza de toda la Iglesia», dice San Pablo a los Efesios (cf. Ef 1,22).

«No fue a los ángeles a quienes Dios sometió el mundo futuro», dice San Pablo a los Hebreos (Heb 2,5 ss.). Pero dice en un pasaje de la Escritura (Sal 8): «¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que lo visites? Lo hiciste, por un poco de tiempo, inferior a los ángeles; luego lo coronaste de gloria y de honra, le diste el dominio sobre las obras de tus manos y pusiste todas las cosas debajo de sus pies».

A partir del momento en que Dios le sometió todas las cosas, añade el Apóstol, no dejó nada que no le esté sujeto.

Nuestro Señor nos describió él mismo su realeza de amor: Aprended de mí, que soy manso y humilde de Corazón. El profeta había dicho a Sión: «He aquí que tu rey viene a ti lleno de mansedumbre» (Zac 9,9).

Infinita mansedumbre, dulzura y humildad de corazón, tal es el carácter de nuestro divino rey Jesús. Su yugo es suave, su carga es ligera, y junto a él hay consolación y alivio: «Venid a mí, todos los que estáis cansados» [cf. Mt 11,28].

En el Calvario, la cruz es su trono; la lanza es su cetro; la sangre de su Corazón cubre todo su cuerpo como un manto de púrpura.

El título de la cruz proclama su realeza a todos los siglos: «Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos» [Jn 19,19]. Es el reinado del amor, el reinado del Sagrado Corazón.

¿Cuál es el código de este reino? Mansedumbre y humildad, paciencia y caridad, esa es toda su ley.

Este reino tiene un estandarte sagrado: es primero la cruz, es el Crucificado cuyo pecho está herido por la lanza. Después, el propio Crucificado descorre el velo y nos muestra, en su pecho, su Corazón abierto, y este Corazón sagrado se convierte en un segundo signo añadido a la cruz: un signo destinado a marcar una nueva efusión de amor del Salvador, una petición de amor cada vez más apremiante, una petición de reparación y de sacrificio por amor.

El reinado de Cristo se convierte en el amor del Sagrado Corazón.

(Fonte: L’année avec le Sacré-Cœur 8/223-224.228-230)  

 


Ritual para la adoración eucarística en memoria del fallecimiento del Venerable Juan León Dehon

ES_Adoración

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