Seguir las huellas de Cristo


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Un solo Señor, una sola fe, un solo Dios y Padre, un solo Espíritu, un solo bautismo: esto nos une a todos los cristianos. Sin embargo, la acción del Espíritu es variada y polifacética.

Nosotros contemplamos a Jesucristo sobre todo en sus “sentimientos” (Flp 2,5) de amor, bondad, misericordia, generosidad, don de sí mismo. En resumen: en el símbolo del corazón.

Nuestra experiencia de fe

La particularidad de nuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús es la profunda y viva unión con Jesucristo (mística) y el interés concreto por los temas sociales y políticos (política).

La unión con Jesucristo orienta nuestra visión de la realidad: de la gente, de la vida cotidiana, de la sociedad. Y la realidad muestra las huellas del Dios vivo, también hoy. Llevamos con nosotros la vida cotidiana a la oración.

Según la experiencia de fe del Padre Dehon

Esta experiencia espiritual fue también distintiva del Padre Leon Dehon. Ya a finales del siglo XIX, en el contexto obrero e industrial francés, el P. Dehon, impulsado por una genuina devoción al Corazón de Jesús, se comprometió apasionadamente con la justicia social. La disponibilidad, la Eucaristía, la adoración y la unión con Jesús siguen siendo elementos esenciales de la Familia Dehoniana hoy en día, al igual que la doctrina social, la educación, los grupos juveniles, los trabajadores y el compromiso socia

La cruz dehoniana

La historia

En 1979 la Provincia alemana organizó una Fiesta de la Juventud en el colegio St. Sebastian de Stegen con ocasión de los 50 años de la escuela. En preparación al encuentro, se convocó un concurso para proponer un logo, cuyo objetivo era interpretar la frase tomada del libro El principito de Antoine de Saint-Exupéry: “Solo con el corazón se puede ver bien”. Los jueces del concurso eran los profesores de arte del colegio de Stegen, Alfred Erhard y Benedikt Schaufelberger. El vencedor fue el alumno Martin Hättich de Sankt Märgen en la Selva Negra. Su logo “Cruz con corazón” fue ulteriormente desarrollado por el profesor Alfred Erhard y en los años sucesivos se convirtió en el logo de muchas Provincias dehonianas hasta hoy.

El significado

A primera vista, esta cruz con el corazón abierto en medio parece simétrica. En una segunda mirada emerge la irregularidad de los cuatro brazos de la cruz. También la apertura en forma de corazón es asimétrica. El efecto sobre quien la observa no es estático, sino dinámico: como si el corazón latiese en medio de la cruz.

La mirada sobre la cruz se orienta hacia el centro, hacia el corazón. Así se expresan dos prioridades de la vida cristiana:

  • El logo es una llamada en favor de la interpretación bíblica que ve en el corazón la sede del conocimiento: una llamada a no descuidar los caminos del corazón, con el fin de conseguir una comprensión íntegra del conocimiento: “Atiende al consejo de tu corazón, porque nadie te será más fiel. Pues la propia conciencia suele avisar mejor que siete centinelas apostados en su torre de vigilancia” (Eclo 37,13-14).
  • La segunda prioridad va directamente al corazón de la espiritualidad de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13). Mirando la cruz vemos inmediatamente el corazón. Vemos el sufrimiento de Cristo y reconocemos su amor. El logo es realista; sí, el sufrimiento, el dolor, la cruz son una realidad en nuestra vida y en la vida de Jesús. Sin embargo, proclamamos una fe que no se fija simplemente en el dolor, el sufrimiento y la cruz. En medio del sufrimiento no quedo sumergido en la oscuridad del abismo, sino que descubro el amor cada vez más grande de Dios y de su Hijo, “que me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20).
  • Todo esto es expresado por el P. Dehon en estos términos: “Jesucristo es realmente, en sus misterios y en su pasión, el Libro escrito interna y externamente. ¿Y cuáles son los caracteres que vemos trazados en este Libro? Únicamente estos: Amor. Los flagelos, las espinas, los clavos, los han escrito con caracteres de sangre sobre su carne divina; pero no nos contentemos con leer y admirar desde fuera esta escritura divina; penetremos hasta el corazón, y veremos una maravilla aún más grande: es el amor inagotable e incansable que considera nada todo lo que sufre y que se entrega sin cansarse” (Œuvres Spirituelles II, 305).

En este logo, el corazón en el centro de la cruz no está simplemente dibujado, sino que es construido como un “espacio libre”. Nosotros estamos invitados a llenar, con nuestras vidas, este espacio vacío. Estamos llamados a estar atentos a la experiencia de un Padre amoroso, que Jesús llama ‘Abba’; atentos a cada experiencia de amor que sostiene el sufrimiento. Debemos estar al lado de la gente, en particular en las situaciones de sufrimiento, de violencia e injusticia, de modo que la caridad, la misericordia y la justicia puedan también encontrar espacio en su vida y en la sociedad.

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