Las interpelaciones del Santo Padre en España y el compromiso pastoral dehoniano
Padre Ángel Alindado, la visita del Papa León XIV a España está atrayendo la atención de toda la Iglesia universal. Teniendo en cuenta el clima social y religioso actual del país, ¿qué aspecto del mensaje del Santo Padre considera más urgente y esencial para la Iglesia en España hoy?
P. Ángel Alindado Hernández, SCJ: Estos días el papa está dejando grandes mensajes que demuestran un profundo conocimiento de nuestra sociedad en España y de cómo la Iglesia está llamada a ser fermento del Reino en nuestro país. Han sido significativas las referencias al gran patrimonio espiritual, cultural, histórico, arquitectónico. Para el papa León XIV este patrimonio no es solo “de museo”, sino que ha de servir para anunciar con valentía a Cristo.
De los muchos mensajes que hasta hoy ha dejado, me gustaría resaltar, en primer lugar, algunos desgranados en el encuentro con la Iglesia que camina en Madrid, en sus 3 diócesis (Alcalá, Madrid, Getafe). En este encuentro en el Estadio Bernabeu invitó a la Iglesia a no encerrarse, saliendo de la seguridad de nuestros grupos de referencia; a derribar los muros que aíslan (utilizando una preciosa metáfora sobre el modo en que se descubrió, tras un derrumbre en la muralla de la ciudad de Madrid, la imagen de Nuestra Señora de la Almudena); a ir más allá de los números, datos y hechos para generar verdadera comunidad; a interpretar los acontecimientos y situaciones con profundidad y celebrando el sentido que irradian; a ser “sinfonía viva” en medio de la sociedad.
En el contexto social y político que vivimos en España, desde el Congreso de los Diputados y en un discurso histórico y reconocido ampliamente por la sociedad civil, latió con fuerza también la llamada a la defensa de la vida humana como meta de civilización. La Iglesia tiene la obligación de participar activamente en el día a día de nuestro país proponiendo, sin imposición, pero con claridad, la verdad que nace del Evangelio y el compromiso inherente con la defensa de los más vulnerables, acompañando y amando la vida de todos, especialmente de los más frágiles.
En el primer día de su viaje, el Papa se reunió con unos 600.000 jóvenes y los desafió a dar un paso al frente y convertirse en verdaderos agentes de cambio positivo en la sociedad. Dado su ministerio pastoral dentro de los colegios dehonianos de la Provincia española, ¿cómo resuena esta llamada tan potente con su misión educativa y espiritual?
En el discurso a los obispos el papa León XIV subrayó que “el corazón humano no se colma acumulando experiencias, posibilidades o seguridades provisorias… sino descubriendo una llamada”. Al hilo de esta afirmación insistió en la necesidad de vivir el Evangelio con alegría, servicio y comunión: “comunidades vivas, sacerdotes felices, familias capaces de testimoniar la belleza de la fidelidad, una iglesia que sabe mostrar con sencillez que seguir a Cristo no empobrece la existencia, sino que la expande”. Tal vez es en estos aspectos donde nuestra acción evangelizadora tiene que incidir y que podríamos resumir en un testimonio alegre de cada vocación en la Iglesia y para el mundo.
A los jóvenes les insistió en la vida “real”, en el silencio elocuente, en la alegría compartida, en cambiar la historia con el amor. Todos temas muy “dehonianos” que nos hablan de entrega, de transformación del mundo, de mirada sincera a la sociedad, de escucha del Otro, de los otros y de la historia, de percibir el “hoy” de Dios que nos interpela. Educar tiene que ver con todo ello. Serán palabras para seguir degustando y en las que profundizar para renovar nuestra acción educativa, evangelizadora y pastoral.
Pasando de la inspiración a la acción, ¿qué iniciativas concretas ha puesto ya en marcha o tiene previsto impulsar para motivar verdaderamente a los jóvenes a asumir este papel dinámico?
En nuestras obras educativas en España tenemos clara nuestra responsabilidad: educar “cristianamente” cultivando en los jóvenes la inteligencia y el corazón. El aprendizaje serio y profundo de las diferentes asignaturas contribuye a un conocimiento crítico de nuestro mundo a través de las diferentes ramas del saber; las actividades de iniciación cristiana, catequesis, actividades para anunciar a Cristo a los que no lo conocen, actividades de profundización en la fe y de crecimiento espiritual e interior están llamadas a dar razón y razones a nuestra fe en el Señor y como Iglesia; la acción caritativa que se desarrolla en diferentes iniciativas a lo largo del año (conocimiento de la misión dehoniana, colectas para obras en otros lugares donde los dehonianos estamos presentes, voluntariado, colaboración con Cáritas o Manos Unidas, apadrinamientos, etc.) tiene sentido porque Evangelio y Caridad son inseparables; las experiencias de misión con comunidades religiosas dehonianas, la oración y adoración compartida… abre los horizontes en los niños, jóvenes y sus familias, profesorado y personal, y permite lanzar la pregunta de “¿para quién es mi vida?”.
Como dehonianos siempre insistimos en el papel activo que, en la sociedad, debe tener un cristiano. El papa León ha insistido estos días en no recluir la fe a un nivel personal y ha resaltado cómo en España compartimos la fe, en las calles, procesiones, expresiones públicas de fe… La gran procesión del Corpus Christi vivida en Madrid el domingo pasado es un reflejo de este modo peculiar y común que recorre nuestro país de punta a punta pero que no puede olvidar la hondura de la experiencia espiritual que tiene que haber detrás de la belleza externa y el compromiso al que apuntan: “Que nos enseñe -dijo el papa- a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo”.
A nivel sociopolítico, uno de los momentos más esperados del itinerario papal es, sin duda, la parada en Las Palmas de Gran Canaria, donde el Papa se encontrará cara a cara con migrantes. Esto sitúa la justicia social en primer plano. ¿Podría compartir cómo los dehonianos de la Provincia española están apoyando activamente a los migrantes sobre el terreno?
Tenemos por ejemplo la “Casa San Juan”, una obra que la comunidad religiosa dehoniana en Málaga lleva en estrecha colaboración con la Fundación La Merced Migraciones y donde se atiende de modo especial a jóvenes mayores de edad que ya no pueden permanecer en los centros de acogida para menores inmigrantes, permitiéndoles una mejor integración, paulatina, en la sociedad que les acoge. Tal vez es la obra en la que tenemos contacto más inmediato y directo con jóvenes que han dejado todo buscando nuevas oportunidades en España, con el drama añadido de cruzar, por ejemplo, el Estrecho de Gibraltar. Pero no es la única realidad donde la realidad de la inmigración se hace palpable en nuestra Provincia religiosa.
En nuestras obras lo vemos y vivimos día a día. No podemos olvidar el trabajo que se realiza en las parroquias encomendadas a los dehonianos donde, a través de Caritas parroquial, se ayuda a familias recién llegadas a España y se les acompaña en los primeros pasos. También nuestras parroquias son lugares donde la población inmigrante católica está teniendo una presencia cada vez mayor y está transformando el rostro de la comunidad eclesial.
En nuestras obras educativas los alumnos también reflejan esta realidad. En nuestros colegios hay rostros diversos en procedencias, culturas… ¡y religiones! Nuestros colegios, confesionalmente católicos, son también lugar de estudio y crecimiento de niños y jóvenes de familias del Este de Europa, Oriente, Norte de África o de América del Sur. Y todos, con su confesión religiosa, encuentran la misma cercanía, cariño, apoyo, dedicación, escucha, educación, acogida. Sin distinción. Y esto, que es evidente, educa también a los más jóvenes en el respeto y la comprensión del que es diferente, piensa y cree distinto, tiene un trasfondo cultural diverso.
Mirando más allá de estos días, ¿qué espera en última instancia que deje esta visita apostólica? ¿Qué frutos duraderos desea que produzca tanto en la Iglesia como en la sociedad española en general?
Voy a ser breve: una Iglesia renovada en la alegría del anuncio del Evangelio y una sociedad consciente de cómo la fe nos ha construido y nos ha dado un modo precioso de vivir, sentir y expresarnos, y un sentido de la justicia y de la paz que hay que poner en valor.



