El pasado 6 de marzo de 2026, las comunidades de la casa General de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús y la comunidad parroquial dehoniana de Cristo Rey en Roma, tuvimos la oportunidad de vivir una jornada de profunda reflexión y renovación intelectual y pastoral sobre el tema de la Paz. Nos reunimos para escuchar al profesor Massimiliano Padula, de la Pontificia Universidad Lateranense, quien nos desafió a “Repensar la paz en el tiempo de las hipercomplejidades”.
Desde el inicio, el Prof. Padula nos propuso su reflexión como una oportunidad de conversión y renovación de nuestras percepciones. Lejos de una lección magistral tradicional, el encuentro fue una experiencia interactiva donde, haciendo uso de la tecnología -característica imprescindible de nuestro tiempo. Aquí les compartimos algunas de las ideas más resaltantes del encuentro:
El conflicto como dimensión de la existencia
Uno de los puntos más provocadores de la ponencia fue la deconstrucción de la noción de conflicto, que generalmente tiene una acepción puramente negativa. El conflicto es una dimensión constitutiva del poder social y de nuestra propia identidad; todos en algún momento hemos vivido conflictos en nuestras familias o comunidades. La clave no está en eliminarlo —un intento fallido de la burocracia racionalista— sino en comprenderlo y negociar con él dentro de la complejidad de nuestra sociedad actual. Mientras que un problema “complicado” busca una solución, una “cuestión compleja” requiere ser comprendida y habitada. El conflicto tiene el potencial de romper equilibrios iniciales para establecer otros nuevos. Por tanto, no se trata de buscar su eliminación, sino de gestionar su escalada para evitar la destrucción mutua y permitir la conversión y el cambio de las relaciones.
La guerra en la era de la hiperestimulación digital
A través de un recorrido visual por imágenes icónicas —desde la niña del napalm en Vietnam hasta el niño Aylan Kurdi en las costas turcas— se nos mostró cómo la hiperestimulación de imágenes puede llevarnos a una desensibilización. En la actualidad, la mediación institucional de la información ha dado paso a una llamada “guerra socializada” y subjetivada. Por ejemplo, hoy vemos la guerra a través de drones y cámaras frontales, casi como un videojuego, lo que altera profundamente nuestra percepción del dolor ajeno, desensibilizando nuestra percepción del mundo, de los demás y del sufrimiento.
Por otro lado, la irrupción de la inteligencia artificial y la proliferación de contenidos falsos (fake news) han dificultado la distinción entre lo real y lo ficticio. En este contexto, la guerra también se libra en el plano de los significados y la manipulación del imaginario colectivo, posicionandonos frente a una verdadera crisis del universo simbólico.
Hacia una “Paz Positiva” y Cultural
Pero es necesario dar un paso en adelante, necesitamos superar la noción de “paz negativa”, como la simple ausencia de guerra; para aspirar a una “paz positiva” -termino acuñado al sociólogo noruego Johan Galtun- que implica ir mucho más allá del vacío de violencia.
En este tiempo de “no paz” o unpeace, donde la conectividad que nos une es la misma que se utiliza como armas para ejercer violencia estructural en el comercio, la finanza e internet, parece que no bastan los tratados diplomáticos, usados muchas veces como “paleativos verbales”. La construcción de una paz duradera requiere una “paz cultural”, que implica la interiorización de una conciencia de paz se basa y fundamenta en el reconocimiento del otro y el rechazo a su deshumanización. Como cristianos, padres, educadores y ciudadanos del mundo tenemos el gran desafío de hacer visible y concreta esta paz cultural a traves de medios pacíficos y la construcción activa de la paz.
“La paz no es un regalo. La paz es un logro…”
Finalizamos con el pensamiento de Maria Montessori que quedó resonando en nuestros corazones:
“La paz no es un regalo. La paz es un logro. No es la ausencia de guerra, sino la presencia de justicia, amor y armonía entre los seres humanos. No se puede lograr simplemente mediante tratados políticos o acuerdos diplomáticos; estos son sólo paliativos temporales. La verdadera paz debe construirse y arraigarse en el alma del hombre desde la infancia.”.
Terminamos el encuentro con la convicción de que repensar la paz en este tiempo complejo no es solo una tarea intelectual, sino una misión urgente para humanizar nuestras relaciones en un mundo cada vez más fragmentado pero, paradójicamente, más conectado que nunca y con muchas más posibilidades para construir que de destruir.











