Ecuador: Misión para el Reino del Sagrado Corazón – Segundo periodo (1890-1896)
El Centro de Estudios Dehonianos nos propone en esta contribución la segunda parte de la mirada sobre la misión SCJ en Ecuador, a partir de la correspondencia entre el padre Dehon y los primeros misioneros.
Tras el fracaso de la fusión de las Congregaciones, ya en septiembre de 1889, los misioneros dehonianos partieron de Quito hacia Portoviejo. El desarrollo de la misión en Ecuador parecía prometedor en aquel momento, contando con el apoyo del obispo de Portoviejo. Sin embargo, los misioneros se enfrentaron a continuas dificultades en Ecuador, causadas por múltiples factores: las relaciones fluctuantes con el obispo, la cuestión de la unidad entre los misioneros, la amenaza de los liberales y de la masonería, la inestabilidad política y otros desafíos relacionados con el clima y las infraestructuras. Ante tales dificultades, el padre Dehon se dio cuenta de la necesidad de revisar sus planes, constatando que en Ecuador solo existía la posibilidad de tener uno o dos pequeños colegios (Carta 1), y vislumbrando al mismo tiempo la posibilidad de expandir la misión a otros países de América del Sur.
Los problemas con el obispo llevaron a los misioneros a establecerse en dos núcleos principales: Ambato y Bahía. A partir de 1891, se definió la organización de la misión estabilizando la presencia dehoniana en estas dos localidades y buscando nuevas formas de fortalecerla. El P. Dehon vio la posibilidad de que la casa de Bahía funcionara como casa provincial, sirviendo como sede canónica para escolásticos y novicios. Ese mismo año, el P. Dehon organizó meticulosamente el envío de refuerzos, divididos entre Ambato y la escuela de Bahía (Carta 3). El colegio de Bahía acogía a unos cincuenta estudiantes, mientras que en Ambato la comunidad educaba a cuarenta estudiantes y ejercía un ministerio en la ciudad a través de las confesiones. Además de la labor educativa, también servían como párrocos con ministerios intensos (Carta 4). Confesaban abundantemente, acompañaban espiritualmente a los moribundos y se comprometían en la evangelización rural. Al mismo tiempo, aseguraban la formación interna de sus futuros sacerdotes redactando planes para los estudios teológicos. La misión se beneficiaba de un terreno fértil al trabajar con un pueblo sencillo, bueno y de “pureza verdaderamente angélica” a pesar de la falta de instrucción religiosa, y también del apoyo de Mons. Schumacher, pese a ciertas tensiones surgidas entre el obispo y los dehonianos.
Internamente, los misioneros afrontaron el desafío de construir la unidad entre ellos y de vivir la espiritualidad de la Congregación en situaciones difíciles. En medio de los problemas que afectaban a los dehonianos, el P. Dehon los alentó incesantemente y los guió para que se centraran en el significado profundo de su misión. Exhortó a los misioneros a vivir el espíritu de sacrificio y de abandono para hacer de su misión una ofrenda al Sagrado Corazón y a vivir en unidad entre ellos (Carta 2). Para ello, les recomendó la actitud interior “Mitis et humilis corde” (Mansos y humildes de corazón), instándoles a hacerlo todo con humildad y paz (Carta 3), y a no perder la alegría en medio del peligro y del caos. Estos principios guiaban su vida cotidiana: progresar día a día en la santidad, mantenerse fieles a los retiros mensuales y esforzarse por cumplir fielmente los ejercicios espirituales para hacer posible su ofrenda de amor y de reparación a Cristo.
Ya desde 1893, los misioneros se dieron cuenta de la creciente amenaza de los liberales y de la masonería. En muchas ocasiones, los revolucionarios intentaron atacar a la Iglesia. Los religiosos eran insultados y obligados a huir, algunos eran arrastrados por los pies o fusilados. El obispo Schumacher, condenado a muerte, logró escapar de milagro huyendo durante un mes por la selva virgen, sobreviviendo a base de raíces mientras algunos de sus compañeros morían de hambre. Finalmente, la Iglesia en Ecuador se vio duramente golpeada por la revolución liberal de Eloy Alfaro (1894-1895). Frente a las bandas de “montoneros” (bandidos), los misioneros de Bahía tuvieron incluso que armarse para defenderse. La creciente inseguridad obligó a los misioneros a abandonar sus puestos de misión (Carta 5). A pesar de este caos, el espíritu de oblación permaneció intacto; pusieron su destino en manos de la Providencia para el presente y para el futuro. La misión concluyó oficialmente con esta expulsión el 12 de junio de 1896.
La epopeya de la misión dehoniana en Ecuador va mucho más allá del simple marco de una empresa educativa o pastoral; es fundamentalmente una obra de sacrificio para la instauración del Reino del Corazón de Cristo. A pesar de la espectacular destrucción material de sus colegios y de la dispersión de sus comunidades causadas por la furia masónica y revolucionaria, los misioneros nunca perdieron de vista su vocación primaria: ofrecer al Señor amor y reparación. Guiados por los incesantes llamados del padre Dehon a la santidad, al espíritu de fe y a la humildad, estos misioneros demostraron que el verdadero Reino de Cristo no se funda sobre la piedra de edificios destinados a derrumbarse, sino en la inquebrantable obediencia a la voluntad divina. Las palabras del P. Dehon a sus misioneros en 1896 resumen el sentido esencial de la misión: “Sean verdaderamente sobrenaturales. Actúen únicamente por el espíritu de fe. ¿Qué importa si servimos a Nuestro Señor en una playa o en otra? Lo que importa es hacer su voluntad” (Carta 6).
Carta 6 | [Léon Dehon a Gabriel-Marie Grison] 15 de enero de 1896
Querido hijo:
No tengo nada importante que deciros; sin embargo, os envío unas palabras de aliento.
Estamos en manos de la Providencia. Dejémonos guiar por ella. Cumplid vuestra misión en Bahía hasta que el buen Dios indique claramente que es hora de partir. Allí estáis dando un gran ejemplo.
Sed bien sobrenaturales. Actuad solo con espíritu de fe. ¿Qué importa si servimos a Nuestro Señor en una playa o en la otra? Lo que importa es hacer Su voluntad.
No os inquietéis. Realizad bien y con calma vuestros ejercicios espirituales para rendir a Nuestro Señor el tributo de amor y de reparación que Él espera de nosotros.
Aquí estamos bien y todos trabajan.
Os bendigo afectuosamente.
+ Jean du Cœur de Jésus
Descargue a continuación la correspondencia entre el padre Dehon y los primeros misioneros en Ecuador.


