San José, patrono y modelo de nuestra vocación

Con un corazón abierto » 19 marzo 2022
San José, patrono y modelo de nuestra vocación
Publicamos un extracto de los escritos del P. Dehon sobre San José.
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El P. Dehon siempre mostró un especial aprecio por San José: “La confianza en San José no engaña. El mes de este santo ha sido siempre para mí un mes de gracias espirituales” (León Dehon, Inv. 229.20 B. 19/1.1). El Directorio Espiritual dedica unas páginas al Esposo de la Virgen María, que se presenta como patrón y modelo de nuestra vocación y de nuestra actitud de disponibilidad y entrega. Con motivo del 150 aniversario de la declaración de San José como Patrón de la Iglesia Universal, el Papa Francisco publicó el 8 de diciembre de 2020 la Carta Apostólica “Patris Corde” y proclamó el Año de San José.

En este contexto y en vista de la celebración de la solemnidad de San José (19 de marzo), publicamos un extracto de los escritos del P. Dehon sobre San José.


En este contexto y en vista de la celebración de la solemnidad de San José (19 de marzo), publicamos un extracto de los escritos del P. Dehon sobre San José.

San José es un modelo para nosotros, especialmente por su vida interior, su espíritu de fe, su abandono, su pureza, su amor a Jesús y a María. San José lo es todo para Jesús y María; se entrega a ellos totalmente; su vida entera les está consagrada; vive sólo para ellos, y los tres forman un sólo corazón y una sola alma. Reza con ellos, y su oración de cada instante se inflama bajo la influencia de su fervor. Es una sola oración la que sube hasta el trono de Dios.

En el trabajo, piensa en Jesús y María; por ellos trabaja y, cuando Jesús se hace mayor, trabaja con él.

Cuando descansa, es a su lado, con ellos. Sus conversaciones preferidas son con Jesús y con María. ¿De qué le gusta hablar, sino de la bondad de Dios y de las maravillas de su misericordia?

En su vida interior, reflexiona sobre los actos y las palabras de Jesús y de María, sobre los misterios de la encarnación y de la redención. De él se puede decir como de María: Conservabat omnia verba haec in corde suo [Conservaba todo esto en su corazón] (Lc 2,51).

¡Qué grande es su espíritu de fe! Con humildad y reverencia acepta los mensajes del ángel, y con heroísmo cump1e las órdenes divinas. ¡Con qué respeto trata a Jesús y a María! Entendió bien las palabras del ángel: “Porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo…, le pondrás por nombre ‘Enmanuel’ (que significa Dios con nosotros)” (Mt 1,20.23). ¡Qué fidelidad la suya a la fe que ha recibido! No le cuesta nada cumplir su misión; ningún sacrificio le desalienta. Va a Egipto, vuelve, está dispuesto a todo. Es víctima por Jesús y con Jesús; sufre el destierro, la persecución, la pobreza, pero lo soporta todo con alegría por Jesús y por la obra de la redención.

Y ¿qué decir de su pureza? Fue preciso que viniera el ángel a animarlo, tanto teme comprometer a María. El lirio es su símbolo. José y María son para Jesús como los dos serafines del arca de la alianza. Por esta pureza fue escogido por Dios para ser padre adoptivo de Jesús y esposo de María. San José es el modelo de la vida de reparación. Es testigo del anonadamiento del Salvador en la cuna, de sus sufrimientos en Egipto, de su pobreza en Nazaret. Se esfuerza siempre, con sus cuidados y su amor, por reparar los sufrimientos causadas al Señor por nuestros pecados. Los cuidados que prodiga a Jesús en Belén, en Egipto, en Nazaret son otros tantos actos de reparación.

Debemos imitar a san José en esto, mediante la unión con Jesús y con María, por nuestra asiduidad en pensar en Jesús, por nuestros esmerados cuidados en todo lo que concierne al servicio de Jesús y, particularmente, en la santa misa, en los sacramentos y en el oficio divino. Debemos también servir a Jesús, desplegando nuestros cuidados para con el prójimo, especialmente con los sacerdotes, con los pobres y con los niños. Nuestra mirada se ha de fijar en Jesús, viéndole siempre y en todas partes. Hemos de emplear el mayor cuidado en cumplir nuestros deberes, no omitiendo ni las más pequeñas cosas y haciéndolo todo por amor a Jesús y en espíritu de reparación.

 

in León Dehon, DSP, 51-53.

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