01 agosto 2026
01 ago. 2026

Segundo Día: Las Notas Diarias y el Catecismo Social del P. Dehon

Segundo Día: Las Notas Diarias y el Catecismo Social del P. Dehon
El segundo día del seminario teológico internacional estudió, en dos sesiones, las “Notas diarias” del fundador y su “Catecismo social”.
de  Eduardo Nunes Pugliesi, SCJ; Nilson Helmann, SCJ ; Victor de Oliveira Barbosa, SCJ
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Resumen de la primera sesión sobre la presencia de Dehon como fundador ideal y la construcción del discípulo fiel en las NQT 35–45

En nuestra primera sesión, la Comisión Teológica Europea presentó un análisis de los cuadernos 35 al 45 de las Notes Quotidiennes (NQT), correspondientes a los últimos quince años de vida del Padre Dehon. La lectura se desarrolló a partir de perspectivas narratológica, histórica y teológica.

La idea central es que estos textos no son simples registros personales. El diario tiene también una función espiritual, formativa e institucional. Al narrar su propia vida, el Padre Dehon selecciona, interpreta y atribuye un sentido a los acontecimientos. Así se construye en el texto una cierta imagen del Fundador: el llamado «fundador ideal». Esta imagen no coincide necesariamente con la persona histórica del Padre Dehon. Al mismo tiempo, el texto construye a un determinado lector, llamado a reconocer esta experiencia como referencia para su propia vida.

Para explicar este proceso, la comisión recurrió a la distinción de Wayne Booth entre autor real, autor implícito y lector. El Padre Dehon histórico es aquel que viaja, enferma, administra y enfrenta las dificultades de su tiempo. El autor implícito es la figura que emerge de la organización misma de los textos. Él es el fundador, el hombre de oración, la víctima, el padre espiritual y el testigo de la acción de la Providencia en la historia.

Esta relación con el lector asume, por tanto, un carácter formativo. El Padre Dehon no escribe solo para transmitir información sobre su vida. Busca formar a un cierto tipo de discípulo: un discípulo capaz de asumir una visión espiritual de la realidad y de dar continuidad a la misión recibida.

La comisión identificó varios ejes fundamentales en esta construcción. El primero es la unión con Dios. La fecundidad apostólica depende de la vida interior. El segundo es la espiritualidad de la víctima. A lo largo de los cuadernos, parece desplazarse de un lenguaje más expiatorio hacia una comprensión más ligada a la ofrenda de amor. En esta evolución aparece también la influencia de Santa Teresita y de Isabel de la Trinidad.

Otro aspecto central es la relación entre interioridad y acción social. El Padre Dehon aparece al mismo tiempo como hombre de oración y atento a las cuestiones sociales y políticas de su tiempo. La reparación no se limita a la dimensión personal; adquiere también una dimensión social, ligada a la reconstrucción de la sociedad y al cuidado de los pequeños y de los humildes. En esta perspectiva, el Reino Social del Sagrado Corazón aparece como expresión del amor de Cristo actuante en la historia.

La comisión también destacó la manera en que el Padre Dehon interpreta la historia de la Congregación. La supresión de 1883, los incendios, las pérdidas y otras pruebas son leídos a la luz de la Providencia. Las aprobaciones de la Iglesia aparecen como confirmación de la autenticidad de la Obra. La aprobación de las Constituciones, en 1923, asume una importancia especial: representa la consolidación y la transmisión del carisma más allá de la persona del Fundador.

La historia es, por tanto, leída como historia de la salvación. Guerra, exilio y sufrimiento son interpretados en clave providencial y reparadora. Al mismo tiempo, las NQT funcionan como instrumento de transmisión espiritual. El Padre Dehon lee y organiza a autores de la tradición espiritual y transforma estas lecturas en referencias para la formación de quienes le sucederán.

Para el lector de hoy, según la comisión, el desafío ya no es el laicismo «duro» de la Tercera República. Es más bien un secularismo «blando», que tolera la religión en la esfera privada y la marginaliza en el espacio público. En este contexto, conceptos como el espíritu de víctima y la oblación exigen una traducción hermenéutica. La unión mística y la reparación también pueden ser releídas a partir de la restauración de las relaciones heridas. El Reino Social puede comprenderse en clave de justicia y de una «teología de los puentes». Estos elementos permanecen fecundos ante la crisis ecológica, las migraciones y las nuevas fragilidades sociales e institucionales.

La Comisión Teológica Africana acogió positivamente la contribución europea. Reconoció la importancia de las NQT como testimonio espiritual y síntesis del itinerario del Padre Dehon. Aceptó también la distinción entre autor real y autor implícito.

La comisión cuestionó, sin embargo, el riesgo de una lectura excesivamente providencialista. Una lectura así puede espiritualizar el sufrimiento y dejar en segundo plano sus dimensiones históricas, sociales y políticas. Cuestionó también la noción de «lector implícito». Identificarlo simplemente como una «alma piadosa» puede ser insuficiente si esta categoría no es demostrada por las estrategias del propio texto.

Se plantearon además preguntas sobre la actualidad del lenguaje del espíritu de víctima. Se cuestionó igualmente la distinción entre el sufrimiento de la Congregación, interpretado como purificación, y el sufrimiento de las naciones, interpretado como castigo. Otro punto fue el alcance del concepto de «secularismo blando». Por último, la comisión pidió que la lectura de Dehon tenga también en cuenta la historia de la misión, de la colonización y de la llamada «misión civilizadora».

El debate en los grupos lingüísticos y, posteriormente, en la plenaria confirmó y profundizó estas perspectivas. Hubo una amplia convergencia sobre la importancia de leer al Padre Dehon directamente en sus textos, y no solo a partir de la imagen biográfica o devocional construida por la tradición. La propuesta hermenéutica fue acogida como una posibilidad fecunda para percibir al Fundador tal como se revela en sus escritos.

Al mismo tiempo, se insistió en la necesidad de no separar artificialmente al Padre Dehon histórico del autor implícito. Quedaron también abiertas preguntas sobre la intencionalidad de las NQT: ¿Se trata de un proyecto consciente de formación de los futuros dehonianos? ¿O esta dimensión pedagógica es, en parte, una construcción del intérprete?

Los grupos destacaron además varios núcleos recurrentes de la espiritualidad dehoniana. Entre ellos figuran la unión con Dios como fundamento de la acción apostólica; la vida de víctima comprendida en la clave de la oblación y de la misericordia; la reparación como respuesta a las heridas de la historia; y la inseparabilidad entre vida interior y compromiso en el mundo. Emergió así la percepción de que las NQT no son solo una memoria personal. Pueden constituir una clave privilegiada para comprender la identidad y la experiencia espiritual del Padre Dehon.

Al mismo tiempo, se impuso la necesidad de una relación crítica y creativa con este legado. Comprender al Padre Dehon hoy no significa reproducir sus categorías históricas. Significa discernir lo que permanece vivo y puede ser traducido ante los signos de los tiempos. La fidelidad al carisma exige creatividad, sin perder el núcleo de la experiencia dehoniana.

En este sentido, el espíritu de víctima puede ser releído a la luz de la misericordia y de la oblación. La reparación puede ser comprendida como reconstrucción de las relaciones heridas y compromiso con las realidades de sufrimiento. La unión entre contemplación y acción permanece como un principio para una presencia dehoniana capaz de responder a las preguntas del mundo contemporáneo.

El debate mostró también que esta relectura debe permanecer abierta a las diferentes culturas y experiencias de la Congregación. Es necesario evitar tanto la idealización del Fundador como una lectura prisionera de su contexto histórico. En el fondo, la pregunta que atravesó las contribuciones fue menos «¿quién fue el Padre Dehon?» y más «¿quiénes somos nosotros, dehonianos, cuando leemos a Dehon hoy?». Y, a partir de sus textos, ¿a qué estamos llamados a vivir ante los desafíos de nuestro tiempo?

Breve resumen de la segunda sesión sobre el Catecismo Social del Padre Dehon

Ante el conjunto de las obras sociales del Padre Dehon, la Comisión Teológica de América Latina escogió el Catecismo Social, publicado en febrero de 1898, por representar una síntesis original de su pensamiento social en forma de catecismo, destinada a hacer accesible la Doctrina Social de la Iglesia a un público más amplio. La lectura se organizó según los tres niveles propuestos por el Seminario, a partir de las categorías de Wayne Booth: el autor implícito, el lector simulado y la actualidad del texto.

La comisión mostró que la estructura de la obra, que va de los principios a la acción, no constituye solo un recurso didáctico, sino una verdadera estrategia de formación. El autor implícito que emerge del texto es un Dehon catequista, educador social, teólogo popular y apologista, capaz de traducir el magisterio de León XIII a la realidad concreta de su tiempo. Más que repetir la doctrina, la interpreta, establece mediaciones entre fe y vida y conduce al lector a una dinámica cercana al ver, juzgar y actuar. Para Dehon, el apostolado social exige estudio, discernimiento y compromiso; la Iglesia debe ejercer una presencia pública en favor del bien común, sin restringir su misión al ámbito privado.

La lectura de la CTDAL también reconoció los límites históricos de la obra. Aunque Dehon es un precursor del pensamiento social cristiano y un defensor de la dignidad humana, su visión permanece marcada por rasgos paternalistas y por una crítica todavía insuficiente a las estructuras del capitalismo naciente. El análisis fue, por lo tanto, simultáneamente afirmativo y crítico, procurando distinguir lo que permanece válido de lo que exige una relectura.

En cuanto al lector simulado, la comisión identificó a un destinatario llamado a asumir responsabilidades en la vida social, política y eclesial. El Catecismo Social pretende formar conciencias, ofreciendo criterios para enfrentar los desafíos de su tiempo y mostrando que la fe debe traducirse en compromiso con la sociedad. Su actualidad se manifiesta en principios permanentes, como la centralidad de la persona humana, el bien común, la responsabilidad del Estado, el papel de la familia, la misión profética de la Iglesia y la formación social de los fieles. La reflexión condujo además a una pregunta dirigida a la propia Congregación: ¿el apostolado social continúa ocupando el lugar que le atribuía el Fundador, o persiste, bajo nuevas formas, el «blancalismo», es decir, la resistencia al compromiso en las grandes cuestiones sociales?

La Comisión Teológica Asiática acogió positivamente la lectura latinoamericana, destacando que su principal contribución consiste en presentar no solo el contenido de la doctrina de Dehon, sino su modo de pensar, escribir y formar. Al mismo tiempo, planteó cuestiones metodológicas sobre la aplicación de las categorías de Wayne Booth a un texto catequético, pidió una mayor distinción entre lector simulado y lectores históricos y recordó que la compasión de Dehon convive con límites propios de su contexto histórico. Subrayó asimismo que la recepción del Catecismo Socialdebe tener en cuenta los diferentes contextos culturales, especialmente en sociedades marcadas por el pluralismo religioso y por desafíos distintos de los vividos en América Latina.

Las contribuciones de los grupos y de la plenaria confirmaron ampliamente las conclusiones de las dos comisiones, pero acentuaron un aspecto decisivo: la actualidad de Dehon está tanto en su método como en sus ideas. Antes de proponer respuestas, conocía profundamente la realidad social, política y económica de su tiempo. Este método continúa interpelando a la Congregación ante las nuevas cuestiones culturales, tecnológicas y sociales. Los participantes insistieron también en la inseparabilidad entre espiritualidad y compromiso social: la acción nace de la experiencia de Cristo y del Corazón de Jesús, y lo social constituye una dimensión esencial de la misión dehoniana. La plenaria retomó además el carácter formativo del Catecismo Social, cuestionando la identificación de su lector como alguien ya plenamente preparado. Más que presuponer a un lector formado, el texto parece querer formarlo. Al final, permaneció como interpelación la necesidad de recuperar no solo el pensamiento social del Fundador, sino su manera de estar en el mundo: conocer la realidad, discernerla a la luz de la fe, formar conciencias y unir contemplación y compromiso.

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