Tú eres heredero… Una lectura de la película Sagrado Corazón (2025)
Las pantallas de cine del mundo tradicionalmente cristiano han sido invadidas recientemente por una producción francesa que parece tratar un tema que tiene muy poco que ver con los gustos y las tendencias actuales del arte cinematográfico. El documental Sagrado Corazón. Su reino no tendrá fin incluso ha cosechado un cierto éxito, despertando un interés que desembocó en una campaña negativa y en la censura en Francia, país que se declara laico desde hace un siglo. El fenómeno se extendió luego a los cines de otros países, hipnotizando a nuevas franjas de la sociedad, que se sorprendieron al descubrir que detrás de la devoción por las dulces estampitas de un “buen mozo” de corazón ardiente se esconde todavía una profunda espiritualidad y vitalidad eclesial. Esta producción se enmarca, de hecho, en la celebración del jubileo recién concluido de las Grandes Apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque, ocurridas hace 350 años. Su mensaje está en perfecta sintonía con la última encíclica del Papa Francisco sobre el Sagrado Corazón, Dilexit nos.
Una espiritualidad siempre actual
El dehoniano que entra en contacto con este ejemplo, nada evidente, de arte cinematográfico podría sentirse, por así decirlo, en casa, al descubrir una mina de inspiraciones para vivir su propio amor al Sagrado Corazón de Jesús. Además, esto podría confirmar la sensación de que esta intuición espiritual conserva precisamente toda su actualidad en un mundo al que cada vez le cuesta más comprender las formas tradicionales de devoción. La película ofrece también las historias concretas de personas que han sido sorprendidas por la gracia de la conversión en el espíritu de esta espiritualidad, explorando sus vidas a la luz de la fe. El espectador es catapultado a un mundo de figuras que lo conectan con la vida de Cristo, con la vida de la santa de Borgoña y con la de los devotos del siglo XIX: Georges Desvallières, la hermana Marie-Julie Jahenny y muchos otros. La devoción está viva en diferentes períodos de la historia de la Iglesia y despierta el deseo de acercarse a la verdadera fuente del amor, su Corazón.
El sentido de la reparación
Toda la película lleva consigo el desafío de dejarse involucrar en una obra tan grande que no es una simple propuesta de piedad, sino que se sitúa en el corazón mismo de la vocación cristiana. Cristo no se apareció a Santa Margarita María por casualidad: la experiencia de la visitandina del siglo XVII no representa una serie de nuevas prácticas devocionales destinadas a hacer la fe más atractiva. La invitación de Cristo se explica precisamente en la colaboración que la tradición de la devoción al Sagrado Corazón llama “reparación”. Pero en este punto, el dehoniano parece llamado a hacer una glosa importante, dada la comprensión de este concepto presentada en la película, la cual contrasta con la del Padre Dehon. Su definición simple y acertada de “surplus de amor” sigue siendo, no obstante, válida, entendida por ahora como una actividad humana que, por sí sola, está llamada a colmar lo que se encuentra desprovisto de este amor. El fundador de los dehonianos, en cambio, proponía que la reparación fuera vista como la obra del mismo Cristo, en la que se puede participar gracias al acto de fe y de caridad realizado en el cuerpo místico de Cristo, primariamente en la Eucaristía. De este modo, la visión podría recuperar su frescura y actualidad esenciales, superando la penitencia y la sustitución compensatorias en favor de la centralidad de Cristo, que ya ha salvado al hombre que ama.
Herederos de un misterio vivo
Este documental ficcionado de una hora y media de duración nos convierte a los espectadores en herederos del misterio y del don del Sagrado Corazón en su dimensión histórica. Actúa también sobre las conciencias, sugiriendo que cada uno puede siempre ponerse en el mismo camino que Santa Margarita María trazó de manera decisiva, inscribiéndose en la historia de la mística que quería releer el misterio de Cristo encarnado, inmolado y eucarístico. El entrelazamiento entre la historia, la teología y la vida de la Iglesia nos hace comprender su potencia espiritual, capaz todavía hoy de cambiar la perspectiva de todos los países.
El mensaje de Paray-le-Monial forma parte del tesoro de la tradición de la Iglesia, en el que se pueden encontrar las herramientas para la conversión, la comunión y la esperanza. El Corazón abierto en la Cruz inspira todavía hoy no solo a los sacrificios, sino sobre todo a creer en este amor que jamás deja solos a los hombres.



