10 mayo 2021
10 may 2021

Un reconocimiento a la audacia creativa (y pastoral)

Los jóvenes dehonianos en España han sido reconocidos con el Premio Carisma por la creatividad a la hora de presentar el Evangelio y la Vida Religiosa con sus campañas, imágenes y carteles.

de  Raquel Castejón Martínez

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Ángel Alindado, religioso de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (conocidos en España como Reparadores o dehonianos), es Coordinador de la Delegación de Pastoral Vocacional. En la Delegación trabaja junto con José Antonio Casalé, también religioso dehoniano y encargado del Voluntariado internacional MyMission, y Gracia Granados, responsable de Jóvenes Dehonianos, en la pastoral con jóvenes. Con la Delegación se reúne, al menos 3 veces al año, el Equipo de Jóvenes en Pastoral que diseñan las campañas, lemas anuales y diferentes actividades en las que participan los jóvenes dehonianos en España.

El próximo mes de junio recibirán en Madrid el Premio Carisma de pastoral juvenil y vocacional por parte de Confer (la Conferencia española de Religiosos) por “sus campañas de publicidad creativas y actuales con el objetivo de impulsar el conocimiento y promoción de la Vida Religiosa en nuestra sociedad”. Un premio “totalmente inesperado”, en palabras de Ángel Alindado, pero “un precioso reconocimiento a un modo de trabajar, a la misión compartida, y a la audacia creativa”.

¿Cómo surgen estas campañas? ¿Cómo es el proceso creativo de estas campañas?

Tal vez, antes de contestar a la pregunta, es bueno explicar dónde surgen las ideas y el motivo de las mismas. Desde hace ya bastantes años la pastoral juvenil y vocacional, a la hora de proponer actividades comunes a las diferentes obras pastorales que tenemos, trabaja con un lema. Al principio servía, sobre todo, para el inicio del curso y actividades como el Encuentro de Jóvenes en Salamanca (donde se suelen reunir en torno a 150 jóvenes, adolescentes, de nuestros colegios y parroquias). Con el paso de los años esos lemas se fueron adoptando como lemas anuales y se han convertido en una estupenda oportunidad para actualizar parte de nuestra espiritualidad, aspectos concretos de nuestro carisma y misión, con un lenguaje atrayente e, incluso, provocativo.

Hemos conseguido que casi todas nuestras obras, sobre todo los colegios, caminen de la mano y ofrezcan una base común de temas, propuestas educativas y pastorales, reflexión, actividades, etc. ligadas al mismo tema dehoniano,  lema e imagen.  A ello se une la “adaptación” de los mismos (se trabaja una parte del tema en concreto) en los tiempos litúrgicos fuertes de Adviento-Navidad y Cuaresma-Pascua donde siempre nos hemos sentido más “libres” a la hora de crear, de proponer, de captar la atención.

Junto a este aspecto es necesario mencionar dónde surgen muchos de los lemas, campañas pastorales en los tiempos fuertes antes mencionados. Desde hace unos cuantos años (creo recordar que unos 12-15 años… 10 de forma más estructurada) colaboran con los religiosos que trabajamos en la Delegación de Pastoral vocacional (que incluye también la parte de pastoral juvenil) y tienen parte activa un grupo de jóvenes de entre 20 y 35 años que aportan su experiencia en actividades y espacios compartidos y modos de transmitir el Evangelio que a ellos les impactó y dejó marcados. El grupo ha ido cambiando en sus componentes, entrando unos, saliendo otros, por lo que siempre hay frescura. Es en las reuniones a lo largo del año, 3 al menos, donde surge la chispa de la creatividad, la audacia y un punto de “locura” sana para recrear el modo de transmitir el Evangelio y la cautivadora experiencia espiritual del padre León Dehon, nuestro fundador. A ellos y a la buena mano de diseño de algunos de los que formamos parte del Equipo de Jóvenes dehonianos se debe la creatividad y originalidad de las campañas. Detrás de un lema, como supones, no sólo hay una buena frase o una buena imagen: hay mucha, muchísima Palabra de Dios, mucha reflexión en torno a los valores que queremos transmitir y también mucha oración. En la práctica una parte de nuestras reuniones no se diferencian mucho de una lluvia de ideas o un breafing de cualquier empresa de publicidad. En algunos momentos nos inspiramos en marcas conocidas y reconocibles, series, programas de televisión o películas, les damos una vuelta, cambiamos lemas, aprovechamos mensajes… No sabes la cantidad de locuras que a veces surgen, como la campaña que realizamos para un Adviento utilizando el “Yo no soy tonto” de una conocida tienda de productos electrónicos a la que añadimos una frase de san Pablo a Timoteo, “sé de quién me he fiado”, aquella en la que hablábamos de los talentos que Dios nos regala, God’s Talents, o la última en la que reflexionábamos sobre la novedad de Dios en nuestras vidas aprovechando que otra cadena, esta vez de bricolaje, estaba proponiendo dejar entrar “lo nuevo” en nuestras casas. Algunas de nuestras propuestas dejan al que las ve un tanto descolocado por la estética, por el mensaje y por cómo sabemos dar un giro a mensajes publicitarios de nuestro mundo.

¿Todas son “redondas”? Por supuesto que no… siempre estamos evaluando y viendo en qué se falla, en qué se acierta. Pero algunas, sí, causan cierto impacto. Impacto que nosotros usamos para, después, tratar de abrir el corazón al auténtico mensaje que se encuentra en el fondo de cada imagen y lema.

La sorpresa vino, y viene, cuando otras congregaciones religiosas, tanto de dentro como de fuera de España, solicitan tus materiales y dinámicas. O cuando los responsables de pastoral de diferentes diócesis usan nuestros carteles y propuestas pastorales, hay parroquias que nos etiquetan, nos felicitan… Nosotros lo ofrecemos “gratis”, porque “gratis” lo hemos recibido. Y “gratis” viene de “gracia, don”. Los dones de Dios son para compartirlos.

¿Habíais detectado una falta de respuesta ante la comunicación tradicional? ¿De qué forma se pueden adaptar estos mensajes sin desvirtuar la palabra de Dios?

Nuestra Congregación es relativamente joven: nace en la Francia del siglo XIX y conoce sus primeros pasos a finales del XIX y principios del XX. Desde el inicio fue una Congregación muy internacional y en misión. De ahí, y del intento y empeño del padre Dehon en traducir el lenguaje de la Iglesia al hombre de cada tiempo, creo que nace parte del interés de muchos de los dehonianos por traducir y explorar lenguajes nuevos para un mensaje, el del Evangelio, antiguo y siempre actual.

Hoy nuestro mundo, al menos en el campo de la comunicación, se siente atraído por ideas potentes, imágenes potentes, transmitidas de un modo impactante y con pocas palabras. Lo vemos en el mundo del márquetin y de la publicidad. En los últimos años, además, hemos asistido a cómo no sólo los encargados de vender un producto venden el producto. En ocasiones ni tan siquiera se preocupan de venderte las características del mismo. Su interés se centra en que captes la emoción y el sentimiento que tal o cual producto causa en ti. No venden coches, ni perfumes, ni alimentos: venden experiencias vitales… Y resulta que la Iglesia, no sólo tiene el mejor producto. No sólo tiene el mejor mensaje. No sólo tiene los mejores valores. Podemos ofrecer experiencias y “La Experiencia”, con mayúsculas. Y ahí, creo, es donde entramos nosotros muchas veces, con nuestras sencillas y a veces atrevidas campañas: provocamos y nos centramos, en muchas ocasiones, en la experiencia que puede tener un joven o lo que puede provocar Dios en su vida… Una vez que el joven capta eso, es el momento de las características del coche que te quiero vender, las bondades de tomar CocaCola y el impacto que vas a dejar en los demás al usar esta o aquella colonia. Es decir, el momento de llenar de contenido la fe, que no es sólo sentimiento, sino que tiene mucho de racional, de ver las posibilidades y la bondad de ofrecer tu vida, a pesar de las dificultades, y cómo vas a dejar una huella, imborrable, en nuestro mundo.

Creo que en la Iglesia no existe una comunicación “tradicional”. Los cristianos de cada época han tratado de hacer propios los medios de los que disponían. De ahí surgieron desde los grandes libros de apologética cristiana, a las grandes catedrales góticas, pasando por las portadas de los templos románicos. Y en todas esas expresiones encontramos un intento de comunicar el mismo mensaje con medios nuevos. Los nuestros se llaman, hoy, junto a la arquitectura, pintura y música, diseño, medios de comunicación y redes sociales, internet, publicidad, imagen… Mismo mensaje, tan antiguo como rompedor, pero con los medios de nuestra época. Por si sirve de ejemplo, a mí me gusta decir que nuestros carteles y campañas son, como se llama en homilética, la captatio benevolentiae, es decir, el modo de captar la atención y de descolocar a los fieles para después “colocar” en la homilía los mensajes del Evangelio y de la experiencia de la Iglesia. En el fondo no estamos inventando nada, ¿no?

¿Cuál es la asignatura pendiente de la iglesia en materia de comunicación?

Tal vez encontrar el punto justo entre la grandeza del mensaje del Evangelio y el modo de crear el impacto necesario para captar la atención de nuestro mundo. Hoy a un joven (y a un adulto igual) le llegan miles de imágenes y mensajes cada hora. Nuestro reto es convertir el primer anuncio del Evangelio en suficientemente significativo para, una vez abierta la puerta, llenar de sentido la vida.

¿Qué opinas del hito que supuso que el Papa tuviera cuenta de Twitter? ¿Conviene que la iglesia siga todas las tendencias de redes sociales?

El paso del papa no sólo fue una cuenta en Twitter. Estuvo acompañado de un cambio de estrategia a nivel comunicativo. Sí es verdad que Benedicto XVI en 2012, cuando permitió “meter” al papado en esa red social, dio un paso en firme reconociendo, así, que lo “digital” no está reñido con el mensaje antiguo y rompedor del que he hablado antes. Francisco ha hablado del “continente digital” en algunas ocasiones, como un espacio a evangelizar. Y en esa tarea andamos todos… unos con más acierto que otros, con más o menos pericia a la hora de presentarse y presentar el Evangelio en las redes… ¿Tendencias? Yo ahí soy un poco más conservador: aquellas que puedan servir al Mensaje, estupendo… Otras que sólo sirven para el reconocimiento rápido, tener más “me gusta” y ganar seguidores… pues yo diría que con prudencia y cabeza. Dicho esto, conozco sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos comprometidos con el anuncio del Evangelio que evangelizan desde sus redes sociales cocinando para gente conocida y que tienen algo que contar, cantando, marcándose una coreografía para TikTok, jugando a la PlayStation y compartiendo sus partidas en Youtube, haciendo entrevistas imposibles, codeándose con youtubers conocidos… Y todos tienen claro el motivo de estar ahí y de cómo su vida y su éxito no son para ellos mismos, sino que son para Dios.

Después del éxito de estas campañas, ¿cuáles son vuestros siguientes pasos?

El premio Carisma de Pastoral juvenil y vocacional, totalmente inesperado, no deja de ser un precioso reconocimiento a la buena labor y también a la cierta repercusión en ámbito eclesial. Más que un premio que reconozca el éxito, es un premio a un modo de hacer las cosas, a la grandeza demostrada de la misión compartida, a la audacia creativa y a la trayectoria de todos estos años. Los siguientes pasos los irá marcando el contexto en el que nos encontramos y los desafíos de transmitir el Evangelio. Ojalá, y ahí hay mucho de reto y desafío, podamos seguir encontrando los cauces adecuados para pasar del impacto inicial y el primer mensaje a una reflexión más profunda que termine por provocar el cambio en el joven, en una opción de vida, en su mayor unión a Cristo…

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