En el marco del Jubileo Dehoniano (2024–2028), nos complace compartir la sexta reflexión y testimonio, centrada en la Constitución n.º 14.
La carta de introducción del Superior General para el Jubileo Dehoniano (2024–2028) subraya que el corazón espiritual de nuestra celebración se funda en la reflexión sobre las Constituciones nn. 9–39. Nos complace compartir la sexta reflexión y testimonio, centrada en la Constitución n.º 14, a cargo del P. Jakub Bieszczad, Colaborador del Centro de Estudios Dehonianos, y del P. Renzo Busana, SCJ, Misionero en R.D. del Congo desde hace 20 años.
Adhesión total y gozosa a Cristo (Const. 14) – Reflexión
La fórmula de nuestra profesión religiosa concluye con la expresión de que nuestra vida dehoniana, consagrada a Dios en la comunidad, está orientada a alcanzar la caridad perfecta. Este amor no es solo una invitación a hacer más para alabanza de Dios y para el servicio a los demás. Es una realización efectiva de nuestra santidad que reconoce la huella amorosa como la más deseada en nuestro proyecto espiritual. El modo en que comprendemos, experimentamos y colaboramos con el amor debería ser una configuración fundamental para nuestro carisma, que parte de la experiencia de la caridad que no pudo contenerse en su Corazón hasta traspasarlo para nuestra salvación. Contemplar a un traspasado nos invita a excavar en lo profundo de su Corazón para descubrir cómo ser casto, pobre y obediente para testimoniar el amor de Aquel que nos amó hasta el fin.
El amor, según el punto actual de las Constituciones, no es solo una obligación fácilmente explicable en la serie de planteamientos, sino que es sobre todo un don precioso del cual beber cada día. Más aún, no puedo manifestar ningún gesto de amor sin la experiencia de ser amado por el autor de nuestra vocación. Él nos amó primero, como nos enseña San Juan, que reclinó la cabeza sobre el pecho del Señor mientras escuchaba el latido de su Corazón. Es importante recordar que la caridad es una sensibilidad que no puede separarse de la atención a todo lo que Cristo ya ha hecho por la humanidad, confirmando su especial dedicación (cf. CST 1956, 9). El Padre Fundador hizo suya la experiencia del Apóstol predilecto, revelada a Santa Gertrudis, en la que el Maestro nos habla del latido del corazón del Maestro como una intuición para nuestra misión.
El dehoniano debería de hecho convertirse en un especialista sobre esta magnitud de la divina gracia que, en la experiencia del Padre Dehon, va a la par con el estudio sobre el impacto del pecado. Esto nos hace comprender que el estudio profundo no debe concentrarse solo en ese intrigante aspecto del mal que aflige al mundo, sino también en cómo escrutar las profundidades de Dios mismo (cf. 1 Cor 2,10). En nuestra vida y dedicación dehoniana, la obra de reparación comienza con la acogida del amor mismo de Dios, es decir, del Espíritu Santo. El Espíritu que actúa dentro de nosotros nos guía hacia Cristo, modelo perfecto de este carisma que el P. Dehon nos deja como verdadero evangelio del amor. La colaboración con el Espíritu es un modo de conocer a nuestro Padre, de quien nuestro Cristo nos ha dejado la imagen en sus palabras y en sus obras, que vivió dedicándose a su misión en la oblación encarnativa.
¿Qué es el estudio del amor, sino una exploración de nuestras emociones más profundas y un modo de comprender mejor a nosotros mismos y a los demás? Podría ser interesante llevar a cabo una investigación académica sobre la teología de la caridad, ampliando el enfoque más allá del ámbito específico inicialmente explorado por el Padre Dehon. Sin embargo,debemos subrayar dos aspectos más cotidianos de este estudio que van más allá del apostolado intelectual. En primer lugar, conocer en sentido bíblico significa adherirse a este amor de modo total, vivir la propia profesión dehoniana de modo radical desde el punto vista espiritual. Por otra parte, es importante considerar la indicación del Fundador de leer la historia de Cristo con la clave de su Corazón. Es fundamental comprender que es el amor lo que lo impulsa a toda obra y que se refleja sobre todo en su decisión, nacida en este Corazón que no tenía miedo de traspasarse, con el único fin de hacerme alcanzar
(Fr. Jakub Bieszczad, scj)
Totale e gioiosa adesione a Cristo (Const. 14)
Un testimonio personal del P. Renzo Busana, SCJ, Misionero italiano en R.D. del Congo desde hace 20 años.
Mambasa, 8 de octubre de 2026 – Han pasado veinte años desde que partí de Italia hacia el Congo RDC después de haber vivido los primeros catorce años de mi sacerdocio en Italia. Diversas personas me preguntaban entonces el porqué de esta elección misionera en ese momento, en un país lejano y difícil como es el Congo. Mi respuesta era más o menos esta:tenía un sueño que realizar, un sueño de infancia y de juventud y ahora ha llegado el momento, sin tardar más para no correr el riesgo de encerrarlo para siempre en el cajón de los proyectos no realizados.
Ayer el padre Boris por teléfono me pidió reflexionar y escribir sobre mi experiencia de misión a la luz del n.º 14 de nuestra Regla de Vida: “la adhesión plena y gozosa a la persona de Jesús… siguiéndolo… consagrándonos enteramente al amor de Dios y de los hermanos”.
Hoy nuestro obispo, reuniendo a los religiosos de nuestra zona, nos ha provocado pidiéndonos examinar qué soñamos de hermoso para el buen éxito de nuestra presencia misionera. Nos introdujo con el ‘’I have a dream’’ de Martin Luther King, capaz de conmover a las multitudes en vista de la fraternidad y de la igualdad de derechos para todos,independientemente de la raza o la condición social, y a continuación nos habló del proyecto misionero de Jesús pronunciado en la sinagoga de Nazaret (Lc 4, 16-21) … llevar la buena nueva a los pobres, anunciar a los cautivos la libertad… y del autorretrato que él mismo, Jesús, hizo de sí, lleno de esa alegría íntima, contradictoria, expresada en las ‘bienaventuranzas’. 
Hoy estoy en Mambasa ‘refugiado’ con mi comunidad scj junto a un centenar de niños y niñas, muchachos y muchachas de nuestro internado. Huidos de Nduye la semana pasada tras dos días pasados bajo el crepitar de fusiles, ametralladoras y bombas que los soldados congoleños (FARDC) unidos a los ugandeses (UPDF) intercambiaron contra los rebeldes ADF-NALU, que desde hace años aterrorizan nuestra provincia de Ituri con bárbaras masacres, secuestros y destrucciones.Nosotros también involucrados en una de las tantas facetas de la guerra de treinta años en el Este del Congo. Intentamos evangelizar a una población pobre y dispersa, intentamos escolarizar a una etnia abandonada a sí misma – los pigmeos – y a huérfanos sin apoyo. Hoy somos acogidos por nuestros hermanos de congregación sin saber cuál será nuestro futuro; esperamos a que pase la tormenta. Como los discípulos de Jesús tras el asesinato de su maestro y Señor, tenemos el temor de que todo se pierda; con la oración sembramos la esperanza en nuestros corazones, hacemos lo posible por sostener a nuestros pequeños y pobres.
Soñé con ser misionero y el Señor me lo ha concedido. Desde siempre he soñado la paz y la fraternidad para el mundo; hoy la sueño junto con y para nuestros niños, que la guerra y la violencia no los hieran aún más.
Ya el padre Bernardo Longo, primer misionero en Nduye, y después de él muchos otros scj que han vivido y viven en estas zonas y en otras partes del mundo han tenido que enfrentarse al drama de la violencia y de la guerra. El ‘’…hasta la muerte…’’, misterio del seguimiento y de la fe que abre a la resurrección, a veces no está tan lejos de nosotros.
En Gbonzunzu, donde estaba, sembré un coco; germinó con dificultad, tanto que ya daba por muerta la semilla. Después de siete años dejé Gbonzunzu rumbo a Nduye sin poder ver ni gustar su fruto. Probablemente sembré mal o tal vez es la naturaleza de esa semilla. La semilla de la paz debe de ser un poco similar a esa semilla de coco.
Conservo, sin embargo, la esperanza de que con el Resucitado, tarde o temprano, yo y nosotros podremos gustarlo plenamente: que la semilla dé fruto y el sueño se realice.
(Renzo Busana, scj)


