02 marzo 2021
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El hombre de la renovación

Biografía di P. Albert Bourgeois, scj
30 de enero de 1921 - 21 de noviembre de 1992


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“Me entrego a ti, mi Señor y Maestro, para todo lo que quieras pedirme o imponerme, pruebas internas y externas; para todo lo que concierne a mi futuro y mi apostolado, mis deberes, responsabilidades, ministerios u oficios que aceptaré humildemente sin señalar inútilmente mi incapacidad, a menos que sea evidente”[1].

Una infancia de privaciones

El P. Albert Bourgeois nació el 30 de enero de 1921 en Jandelaincourt, ciudad próxima a Nancy (Francia). Tenía siete años cuando su padre murió de tuberculosis y sólo tres años después perdía a su madre. Un niño que ha conocido muy pronto el sufrimiento y las dificultades de una pobre familia obrera.

En 1931, con 10 años, fue acogido en el Instituto San Clemente, escuela apostólica o Seminario menor que el P. Dehon había fundado en el año 1882 en La Fayet cerca de San Quintín; después trasferida a Viry-Châtillon, en la región parisina. En esta escuela a los 16 años tomó la decisión de entrar en la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús.

Los años de preparación y de responsabilidad

Realizada la primera profesión religiosa en Amiens el 29 de septiembre de 1938, después de los estudios de filosofía y teología en Dijon, Uriage y Lyon, el 6 de julio de 1947 fue ordenado sacerdote. Recogemos un texto suyo de su diario personal, una página que escribió en el inicio de su Retiro para la ordenación sacerdotal (29 de junio ‑ 6 de julio de 1947):

La gracia de ser Sacerdote del Sagrado Corazón. Retiro de la ordenación sacerdotal. Debo entrar en el retiro como en un santuario en el que ocurren grandes cosas. Solo, pero rodeado de presencias. Retirado, pero con el corazón abierto al murmullo del arroyo, a las voces del silencio. Tímido y a la vez feliz, abierto, consciente de mi debilidad y fuerte en la presencia del Señor. Un sentimiento profundo: asombro; algo que no es fácil de creer: yo, un sacerdote. Una certeza: la importancia de este retiro; y, por otra parte, su inutilidad si entonces no soy sacerdote cada minuto, esencialmente sacerdote. Es una cuestión de fidelidad, de felicidad, de utilidad, pero sobre todo, de amor. La única gracia que hay que pedir: ser Sacerdote del Sagrado Corazón, pero no un sacerdote cualquiera, no de cualquier manera, sino hasta la oblación e inmolación total en cada momento. Aquí se enceuntra todo: el Señor Jesucristo y las almas; el ideal y la realidad: todo de lo que está hecho el amor de Dios”[2].

Tras licenciarse en literatura, se dedicó por completo a la misión de educador y profesor durante diez años. Los primeros años de su actividad sacerdotal los dedicó a la formación dehoniana, primero como profesor y luego como rector del seminario. A partir de 1960 fue Superior Provincial de la Provincia Francesa durante una época de gran florecimiento para la vida de la Congregación. Era Superior del Escolasticado SCJ de Lyon cuando, el 6 de junio de 1967, fue elegido para el cargo de Superior General y el día 8, tras su aceptación, fue declarado oficialmente Superior General, sucediendo al P. José Antonio De Palma también en el cargo de Presidente del Capítulo.

Fue entonces, como presidente de la segunda sesión de este XV Capítulo, cuando el P. Bourgeois comenzó su servicio como Superior General de la Congregación: una responsabilidad que le causó no pocas dificultades, sobre todo por las opciones, a menudo divergentes, que se proponían para la actualización del Instituto. El P. Bourgeois sufrió,

“pero con su equilibrio, su espíritu de fe y su amor por la Iglesia y por la Congregación, supo encontrar las soluciones adecuadas para el bien de todos”[3].

Ya en su discurso de clausura del XV Capítulo afirmó su fe en la vitalidad de la Congregación, llamada a dar testimonio de un amor verdadero y coherente en la Iglesia:

“La puerta de entrada al misterio de la Iglesia para nosotros, como para el P. Dehon, es el Corazón de Jesús. Si, después del Vaticano II, tenemos tal vez una concepción más clara y más amplia de la dimensión de este misterio que la que tenía el P. Dehon después del Vaticano I, será el mismo movimiento dinámico que nos lleva del Corazón de Jesús a la Iglesia y nos devuelve continuamente de la Iglesia a una mejor comprensión de la llamada de Cristo a nosotros”[4].

“Nuestro Capítulo debe concluir con una clara conciencia de la necesidad de una profunda renovación:
‑ renovación en la concepción de la vida religiosa y de los rasgos característicos de nuestra espiritualidad;
‑ renovación en nuestras formas de vida y organización, en función de una concepción más evangélica de las relaciones humanas y de la autoridad;
– una conciencia renovada de algunos de nuestros objetivos apostólicos, y especialmente de la inspiración que debe animar todas nuestras actividades”[5].

El Concilio Vaticano II acababa de terminar y se iniciaba un periodo delicado para que las congregaciones religiosas actualizaran su carisma y sus expresiones de vida y apostolado. El P. Bourgeois llevó a cabo esta tarea durante doce años con la responsabilidad y la amplitud de miras que le distinguieron: fueron años difíciles para la sociedad y para la Iglesia, y además, fueron tiempos dedicados a actualizar las Constituciones según las nuevas orientaciones del Concilio.

En 1973, el XVI Capítulo reeligió al P. Albert Bourgeois para un nuevo mandato de seis años, por lo que terminaría su mandato como Superior General el 6 de junio de 1979.

Durante este largo período hizo todo lo posible para centrar e inspirar su acción en los “grandes ejes” propuestos por el Capítulo XV y luego, de manera aún más clara y consciente, por el Capítulo XVI: una tarea ciertamente muy pesada; pero precisamente así pudo mantener la Congregación en una fidelidad lúcida y coherente al carisma del Fundador y, al mismo tiempo, disponible a la acción del Espíritu y a los signos de los tiempos.

Y por esto, expresó en su discurso de apertura del Capítulo XV, que

“necesitamos el poder de Dios, su pensamiento y su sabiduría, o, más bien, la locura de Cristo… Para nosotros, Sacerdotes del Sagrado Corazón, es la locura del corazón. No podemos permitir que esta locura de amor sea desterrada de nosotros… Del Corazón de Cristo al corazón del mundo; del corazón del mundo al Corazón de Cristo: los caminos pueden ser diferentes, (pero) la referencia última sólo puede ser una: y esto es lo que importa ante todo”[6].

De aquí la urgencia de reflexionar sobre los retos y expectativas de nuestro tiempo para discernir la línea de una fidelidad dinámica que permita a la Congregación seguir siendo, en la historia de la Iglesia, “una realidad viva”.

El P. Bourgeois escribió cartas circulares muy simples, con el único fin de mantener relaciones de comunión y amistad con las comunidades de la Congregación, cartas que escribía especialmente con motivo de las fiestas de Navidad o del Sagrado Corazón. Pero no dudó en escribir cartas sobre temas de importancia capital para el espíritu y la vida de la Congregación[7]. Así, puede decirse que casi todas las cuestiones candentes del periodo postconciliar[8] fueron abordadas por el P. Albert Bourgeois en sus circulares.

En la carta 35, publicada en 1977, con motivo del centenario de la Congregación (1877-1977) el P. Bourgeois escribe que es una ocasión para mirar nuestro pasado y admirar su continuo desarrollo y crecimiento:

“Cien años, nos dicen los historiadores y los sociólogos, para las instituciones, y especialmente para las instituciones religiosas, suele ser una edad crucial, como lo es para los individuos la edad crítica, según la vieja expresión popular; cuando las líneas de desarrollo cambian, se producen cambios en los tejidos, y lentamente se impone un nuevo ritmo de vida. Sin embargo, las comparaciones biológicas sólo tienen un valor relativo cuando se trata de la vida espiritual, y las propias instituciones manifiestan recursos de renovación y rejuvenecimiento que no tienen ni la carne ni la sangre, ni los huesos ni los músculos. En cualquier caso, no corresponde a los historiadores, ni a los biólogos, ni a los sociólogos, ni a los optimistas, ni a los pesimistas, ni a los “realistas”, decirnos la última palabra sobre el presente y el futuro de nuestra centenaria Congregación. Pero es al Espíritu Santo en persona al que nos remite nuestra Regla de Vida; Él, que estuvo en el origen (n. 1), sigue siendo siempre el punto de referencia de nuestra historia y de nuestra fidelidad (nn. 47-48), porque estamos “seguros de la fidelidad indefectible de Dios”, porque queremos estar “enraizados en el amor de Cristo” y en la “apertura de corazón y de actitud para acoger el hoy de Dios” (n. 57).”[9].

Un hombre sencillo y sabio

Al final de su mandato, el P. Albert Bourgeois permaneció en Roma. Siguió aportando su preciosa colaboración a la actualización de la vida dehoniana y se comprometió aún más en el estudio de los escritos y el carisma del P. Dehon, así como en la historia y la espiritualidad de la Congregación. Así, en el último periodo de su vida (1979 – 1992) pudo publicar varios estudios fruto de sus investigaciones.

Hombre sencillo, inclinado a la bondad y a la modestia, trabajador incansable y metódico, ejemplo de vida de oración,… Nuestra Congregación lo recordará con afecto y gratitud, atribuyéndole el éxito de la actualización que impulsó con firmeza y sabiduría en la línea de la fidelidad dinámica. Un testigo dice de él:

“Lo que quiero destacar sobre todo, en nuestro amigo, en nuestro hermano, es la profunda unidad, coherencia y transparencia de su vida. Sus riquísimas cualidades humanas, una inteligencia bien dotada y cultivada, un celo incansable por el trabajo, una discreción extrema sobre todo en circunstancias de difícil responsabilidad, su sencillez, su alegría y su capacidad para comunicarla (su risa nos era conocida, ¡la esperábamos!), su rectitud y seriedad en todo lo que se le confiaba. Nuestro hermano invirtió constantemente estas preciosas cualidades humanas, ¡y con qué generosidad!, en el servicio de Aquel que le había llamado de joven a la vida religiosa y sacerdotal. A través de sus múltiples y variadas tareas: como profesor muy querido y verdadero educador, como Superior de la Provincia y luego de la Congregación, en todo ello llegamos a conocer a un P. Bourgeois muy presente, ferviente, abierto y auténticamente fiel. Sobre todo, fue el religioso, el Superior providencial para nuestra Congregación en un momento delicado de nuestra trayectoria. Supo destacar lo esencial: nuestra vocación como respuesta amorosa al Amor. Nos ayudó enérgicamente a encontrar la alegría y el dinamismo en torno a la gracia de nuestros orígenes aquí en San Quintín. Y lo realizó entregándose profundamente a esta labor: incansable, siempre trabajando, estudiando, escribiendo, predicando, meditando y haciéndonos meditar con competencia y entusiasmo la experiencia de fe del P. Dehon y, a través de ella, la insondable riqueza del Corazón de Cristo. Sí, permaneció fiel: en primer lugar, vivió lo que estudió y escribió; y después, sufrió, ofreciendo su vida hasta el final, en unión con la oblación de Jesús.”[10].

En la tarde del sábado 21 de noviembre de 1992, el P. Albert Bourgeois, sexto superior general, falleció en París tras una larga enfermedad. Fue enterrado en el cementerio de San Quintín, donde reposan sus restos.

Sus escritos

Entre sus numerosas publicaciones, en primer lugar debemos citar el gran comentario a las Constituciones: Notre Règle de Vie. Un Itinéraire, en la revista Studia Dehoniana nº. 15, en tres volúmenes.

Asimismo en la revista Studia Dehoniana, el P. Bourgeois ha publicado:

n. 13: The Constitutions of the Priest of the Sacred Heart; Reader’s Guide (nn. 1‑39), 1985;

n. 14: Les Notes Quotidiennes du P‑Dehon‑ Avant­ propos à une édition, 1985;

n. 16: Pour une théologíe de la charité et de la vie d’amour, 1990;

n. 23: L’expérience spirituelle du Père Dehon, 1990;

n. 25.1: Le Père Dehon et le Régne du Coeur de Jésus, 1990;

n. 31: A propos des Constitutions. Digressions, 1992.

Además: Léon Dehon: Correspondance 1864‑1871, Ed. Dehoniane, Roma 1992.

Finalmente, nos ha legado su obra póstuma: Le Père Dehon et le Règne du Coeur de Jésus, Studia Dehoniana 25.2, 1994.

Aparte de todas estas publicaciones, del P. Bourgeois, nos han llegado artículos publicados en Dehoniana e, incluso, numerosos textos aún manuscritos como homilías, notas de lecturas realizadas, reflexiones personales, etc.

Concluimos esta pequeña biografía con la oración escrita por el P. Albert Buorgeois en preparación a las Órdenes Mayores el 8 de marzo de 1947:

“Señor, no sé qué decirte, no tengo una idea brillante, pero sé y siento que te quiero. Sufro demasiado por mi mediocridad mientras todo mi ser me empuja hacia la plenitud. No permitas hacerme ilusiones sobre esta plenitud, sino déjame realizarla en los detalles de las pequeñas virtudes y las pequeñas acciones. Dóname pureza, humildad, generosidad, atención fiel. No importan las bellas frases y pensamientos si mi vida es trivial o mediocre, si no está controlada en todo por la pasión de tu amor”[11].


[1] Oración escita durante el Retiro para el Sub-diaconado, 25-31 de mayo de 1947.

[2] Opuscolo Albert Bourgeois, Curia general SCJ, Roma 1993, 35.

[3] Ivi, 7.

[4] Documenta VII, 300.

[5] Ivi, 303.

[6] Documenta IX, 153.

[7] La Fidelidad Dinámica en nuestra Congregación, La importancia del Acto de Oblación en nuestra Vida Religiosa, Vocación y tareas de los Hermanos en la Congregación, Comunión y amistad en la comunidad, Espíritu de penitencia y reparación, Espiritualidad del Sagrado Corazón y el carisma de nuestro Fundador, Salvaguarda de la identidad y las características del carisma dehoniano, Mirada al pasado de nuestra Congregación y admiración por su desarrollo y crecimiento continuo.

[8] Fidelidad dinámica, Identidad del carisma, Testimonio en la Iglesia de una vida comunitaria cuyo único motivo es la fraternidad, Dimensión apostólica de la vida religiosa en un Instituto apostólico, Problemas del sacerdocio o de la existencia sacerdotal, Valores del misterio de la Encarnación para la Iglesia.

[9] P. Albert Buorgeois, Il Natale quest’anno (Per il centenario della Congregazione), Lettera Circolare n. 35, Roma, 9 de febrero de 1977.

[10] Testimonio del P. Perroux, San Quintín, 25 de noviembre de 1992.

[11] Opuscolo Albert Bourgeois, Curia general SCJ, Roma 1993, 32.

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