05 noviembre 2020
05 nov 2020

La situación de los indígenas en el Brasil

© photo credit: Denisa Starbova

Recientemente se ha escuchado mucho sobre la cuestión indígena en Brasil. El P. Belmiro Rauber, nos cuenta un poco sobre este escenario actual.

de  Belmiro Rauber, scj

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Hace 520 años los portugueses descubrieron Brasil. Son quinientos veinte años de resistencia de los indígenas. ¿Cómo fue al principio? Leamos la carta de Mem de Sá, Gobernador General de Brasil en 1560, en la que cuenta sus actos como hechos al Rey de Portugal:

“La noche que entré en Ilhéus entré en una aldea que estaba a siete leguas de la villa… Y lo destruí, además de todos los que querían resistirse. Cuando llegué, quemé y destruí todos los pueblos que quedaron atrás. Entonces otras personas se reunieron y me siguieron por la playa. Les tendí una trampa y los obligué a arrojarse al mar… Ordené a otros indios que recogieran los cuerpos y los colocaran en la playa, en orden, para que quedaran (alineados) cerca de una legua…” (Prezia & Hoornaert, Brasil indígena: 500 anos de resistência).

Seis kilómetros de playa cubiertos por los cuerpos de los indios asesinados en una sola noche. Retrato de la violencia que marcó esos 500 años y que se sigue practicando hoy en día de diferentes maneras: a través de invasiones de territorios indígenas, persecuciones y asesinatos de sus líderes, la construcción de grandes proyectos (centrales hidroeléctricas, carreteras, vías fluviales etc.) en sus zonas, el robo de recursos de la biodiversidad y de los conocimientos indígenas, el ecoturismo que no respeta sus espacios vitales. Todas estas formas de violencia son ramificaciones de la misma política de un modelo de desarrollo equivocado (cf. Manual da Campanha da Fraternidade, ano 2002, p. 62).

El 26 de abril de 2000, durante la celebración de la misa en Coroa Vermelha, que marcó el 500 aniversario de la llegada de los portugueses, el joven Matalauê Pataxó hizo una declaración conmovedora:

“Quinientos años de sufrimiento, de masacre, de exclusión, de prejuicio, de explotación, de exterminio de nuestros parientes, de encubrimiento, de violación de nuestras mujeres, de devastación de nuestras tierras, de nuestros bosques, que nos llevaron con la invasión. Estamos de luto. ¿Hasta cuándo? ¿No te avergüenzas de ese recuerdo que está en nuestra alma y en nuestro corazón? Contaremos esta historia por la justicia, la tierra y la libertad” (CIMI e APOINME, Conferência dos Povos e Organizações Indígenas do Brasil, p. 15).

En 1972 se creó el Conselho Indigenista Missionário – CIMI (Consejo Misionero Indígena), organismo adscrito a la Conferência Nacional do Bispos do Brasil – CNBB (Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil). Correspondió al CIMI, en nombre de la Iglesia Católica, actualizar la presencia misionera entre los pueblos indígenas, asumiendo un nuevo y amplio concepto de misión, como un proceso que apunta a la articulación de los pueblos indígenas, la sensibilización de la sociedad nacional y la redefinición de los métodos y objetivos de su propia acción y presencia misionera.

Hay muchas experiencias evangelizadoras entre los pueblos indígenas que buscan descubrir con alegría las semillas de la revelación, entender y respetar lo que es bueno y purificar lo que está en desacuerdo con el Evangelio. Es la Iglesia inculturada la que busca entrar en un diálogo de salvación con las culturas indígenas, para vibrar y sentir las maravillas del Señor, incluso proclamadas en lenguas desconocidas (cf. Hechos 1,8).

Esta visión de la inculturación genera solidaridad y compromiso con las luchas del pueblo, sus problemas y la búsqueda de soluciones, sus alegrías y conquistas, contribuyendo a generar las condiciones para la libertad y la autonomía. Así es como se expresan los indios en las conclusiones del documento de la 3ª Reunión de Teología Indígena, celebrada en Cochabamba, Bolivia, en 1997:

“Proponemos que el misionero cristiano, al llegar a una cultura indígena, pase por el proceso de inserción; que comprenda y asimile los valores, la cosmovisión y las expresiones religiosas para descubrir en las culturas la manifestación de Dios. Porque la inculturación es un diálogo entre el Evangelio y las espiritualidades indígenas” (cf. Manual da Campanha da Fraternidade, ano 2002, p. 64-65).

Panorama actual

El informe “Violência contra Povos indígenas do Brasil, dados de 2019” (Violencia contra los pueblos indígenas de Brasil, datos de 2019) reitera el retrato de una realidad extremadamente perversa y preocupante en los primeros años de la administración de Jair Bolsonaro como Presidente. La intensificación de las expropiaciones de tierras indígenas, forjadas en la invasión, la ocupación y la adjudicación, se consolida rápida y agresivamente en todo el territorio nacional, causando su inestimable destrucción. Las zonas donde los bosques y sus ricos ecosistemas están más protegidos son aquellas en las que históricamente están presentes estos pueblos.

El Tribunal Supremo

En un contexto en el que los ataques del Gobierno Federal amenazan los derechos de los indígenas y en el que, en la legislatura, destacan los proyectos y bancadas contra los pueblos indígenas, se dirigen a el Tribunal Supremo los ojos y las esperanzas de que no se desfiguren los derechos institucionales de los pueblos indígenas.

De esta manera, el Tribunal Supremo podrá dar una solución definitiva a los conflictos que afectan a las tierras indígenas del país y garantizar un respiro a las comunidades que actualmente se encuentran bajo la presión de poderosos sectores económicos. El proceso de repercusión general que discutirá la demarcación de las tierras indígenas en el Brasil está en marcha en el Tribunal Supremo.

El Ministro Edson Fachin, en el ámbito del proceso de repercusión general, del que es ponente, ha suspendido todos los procesos judiciales que podrían dar lugar a desalojos o a la anulación de las demarcaciones de las tierras indígenas hasta el final de la pandemia. La demarcación de las tierras indígenas y el respeto a estos pueblos y sus culturas son problemas para todos nosotros.

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