17 mayo 2021
17 may 2021

Los dehonianos del norte de Italia hacia el capítulo XIII

Las distintas fases por las que ha pasado la preparación. Las áreas exploradas en la situación actual y las perspectivas de futuro. La participación ampliada, las dificultades encontradas, las preguntas que surgieron, las propuestas y los obstáculos de la pandemia. Todo ello quedó reflejado en el Instrumentum laboris.

de  Marco Mazzotti e Antonio Viola
Settimananews

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Entre el 13 y el 23 de junio de 2021, la Provincia Dehoniana del Norte de Italia celebrará su decimotercer Capítulo: un momento fundamental en la vida de una provincia religiosa, a menudo acompañado de grandes expectativas, pero frecuentemente también celebrado con cierta desilusión y resignación. Todos somos conscientes de las crecientes dificultades que experimenta a diario la vida consagrada: envejecimiento constante, problemas en la gestión de estructuras y actividades, dificultad para mantener posiciones significativas en el ámbito pastoral… ¿Cómo evitar vivir este momento dejándose llevar por estas dos poderosas oscilaciones? ¿Hay alguna forma de evitar subirse en la parada de la ilusión para tener que bajarse en la de la decepción al cabo de unos días?

Una comisión sui generis

Comenzamos a plantearnos estas cuestiones hace unos dos años, en la primera reunión de la comisión preparatoria, encargada de establecer el itinerario de actuación del Capítulo. La conciencia de que la historia tiene su propio peso, al igual que las relaciones fatigadas por el tiempo y, a menudo, por complicadas trayectorias vitales, nos llevó a considerar la posibilidad de obtener ayuda de consultores externos capaces de ofrecer una mirada desencantada sobre nuestra realidad. Nos pareció esencial que otros nos ayudaran a leer nuestra experiencia, empujándonos a deshacernos de cualquier preconcepto o evaluación excesivamente condicionada por lecturas unívocas de la realidad. Haber identificado en un matrimonio, que ya había tenido la oportunidad de acompañar la preparación de las asambleas de otras congregaciones, nuestro punto de referencia, pareció desde el principio una idea estimulante. De cinco miembros nuestro grupo pasó a ser de siete: el Padre Provincial, un antiguo Padre Provincial, dos de los más jóvenes, un hermano con una larga experiencia y dos matrimonios, Alberto y Eva, ricos en su propia experiencia de pareja así como en sus competencias específicas en materia de recursos humanos y gestión de grupos.

Los primeros pasos

Desde las primeras reuniones nos pareció claro que había que partir de la realidad humana de nuestra Provincia, del verdadero capital del que disponemos. No pudiendo prever, por razones canónicas, un Capítulo ampliado a la participación de todos los componentes de la Provincia, sentimos sin embargo que una de las cuestiones fundamentales debía ser la de la participación e implicación de todos, para intentar reducir al mínimo las bolsas de indiferencia y autoexclusión de los procesos de planificación y decisión. Por lo tanto, si era imposible convocar una reunión plenaria, nada nos impedía salir al encuentro de todas nuestras comunidades, con la idea de escuchar a cada hermano. De ahí la intuición en la que se basó nuestro viaje: el Capítulo debía comenzar con esta operación de escucha. Con el lema “el Capítulo ya ha comenzado” queremos ver la celebración de junio como su momento de conclusión.

Excluyendo aquellas figuras vinculadas al servicio del gobierno provincial, presente y pasado, pensamos en identificar, en los tres miembros de la comisión sin tareas específicas, los perfiles más adecuados para la operación de escucha. Dado que se trataba de recoger material para reelaborar posteriormente, era necesario construir un esquema homogéneo de recogida de información que permitiera a todos los cohermanos expresarse libremente también sobre otras cuestiones. Pero al mismo tiempo, el encuentro con las comunidades debía garantizar que todos se sintieran a gusto, en un ambiente informal, hecho también de momentos fraternos compartidos. Gracias a una buena y afortunada elección del momento, en cinco meses y antes de la llegada de la tormenta Covid, fue posible completar una agotadora pero productiva ronda de reuniones.

La primera gran sorpresa de los tres visitantes, rápidamente rebautizados como los “Reyes Magos”, fue constatar la buena acogida por parte de todos y ver cómo casi todos los hermanos aprovechaban la ocasión para debatir. Un método sencillo y guiado, basado en tres pasos -análisis de la realidad actual, proyección hacia el futuro cuando el Capítulo ya ha tenido lugar después de seis años de elecciones, peligros que hay que evitar durante la celebración del propio Capítulo- dio a todos la oportunidad de expresarse sobre su propia experiencia emocional, pero también sobre la realidad concreta de nuestra Provincia religiosa.

Demasiados datos, algunos contratiempos, una pandemia

Las numerosas páginas recopiladas y registradas fueron revisadas por los tres autores de forma conjunta y constituyeron la base de un trabajo de restitución, acompañado también de gráficos y resúmenes, capaces de poner los datos en manos de todos, para favorecer la percepción real de la escucha realizada. Este material debería haber constituido la base sobre la que elaborar unas posibles mesas de trabajo que se debatirían durante dos asambleas, idénticas en su formulación, que se habrían sucedido a una distancia de algunas semanas, para permitir la participación de todos sin vaciar nuestras comunidades. Sin embargo, todos hemos aprendido por las malas que las cosas no siempre salen según lo previsto: incluso nuestro comité no había considerado la posibilidad de una pandemia viral.

Las asambleas previstas para el mes de mayo tuvieron que ser necesariamente aplazadas hasta septiembre, pero en ese momento se planteó la cuestión de cómo seguir manteniendo la tensión con respecto a las expectativas puestas en marcha por lo que se había hecho anteriormente: el camino más lógico parecía ser el de solicitar la reflexión de nuestras comunidades, a través de la propuesta de una parrilla de preguntas basadas en cuatro áreas: estructura de gobierno y gobernanza, elementos para un proyecto provincial, papel de la economía, legado espiritual y formación. Cada una de estas cuatro áreas fue introducida por una breve lista de documentos de referencia que podrían aclarar los pasos dados sobre el tema en la vida de nuestra Provincia. Las preguntas propuestas no pretendían retomar cuestiones ya tratadas por los individuos, sino que pretendían desarrollar estos temas para su debate en la comunidad, con el fin de producir más material para reelaborar de cara a las asambleas de otoño.

La respuesta dada por las comunidades nos hizo comprender la bondad del camino emprendido y puso de manifiesto un buen nivel de implicación, no tanto a nivel de la calidad de las respuestas, sino en el hecho de que todas las comunidades se sintieron implicadas por nuestras peticiones. El deseo inicial de llegar a la fase final del Capítulo reduciendo el número de miembros descontentos y marginados parece haber encontrado su primera expresión concreta.

Asambleas pre-capitulares

A nivel de comisión comenzaba ahora una tercera fase, bastante complicada pero decisiva: se trataba de reelaborar todo el material recogido para poder devolverlo en forma de temas circunscritos y claramente definidos, útiles para establecer la plataforma de trabajo de las asambleas.

Por supuesto, como sugieren también algunos de los trabajos de restitución de las comunidades, no habría sido posible evitar releer todo a la luz de la dramática experiencia de la pandemia.

Con la llegada del mes de septiembre, las condiciones sanitarias permitieron la celebración de las dos asambleas previstas: celebradas en dos días y con un horario idéntico, contaron con la participación de un número realmente elevado de cofrades, teniendo en cuenta las justificadas ausencias de los enfermos. Incluso los ancianos se dejaron involucrar y perturbar.

Las asambleas se construyeron a partir de un acuerdo inicial que permitía una comprensión básica de las expectativas y las reglas de juego, pero sin descuidar el aspecto espiritual, por considerarlo parte fundamental de la experiencia: la lectio sobre el Evangelio del día y la celebración de la Eucaristía, con el añadido de algunas viñetas sobre el tema de la comunidad, considerado el hilo conductor de todas nuestras reflexiones, daban una idea del contexto en el que un capítulo debe tomar forma.

La idea básica para el trabajo posterior fue reconstruir el ambiente de una plaza, la clásica plaza de pueblo en la que es posible pasar de un bar a un restaurante discutiendo libremente los temas propuestos, aceptando la moderación de un mediador presente en cada mesa, pero con la máxima disponibilidad de tiempo y voluntad propios para tocar sólo los temas que se consideran realmente importantes. Cada mesa de la plaza, de la que era posible moverse después de haber agotado los temas propios, ofrecía un lugar para la discusión de un tema introducido por un breve esquema que se había proporcionado previamente a todos los participantes. Los siete temas propuestos representaban el condensado que la comisión había podido extraer de todo el material producido en los meses anteriores de escucha y se propusieron, aun a sabiendas de que, probablemente, algunas cuestiones volverían a surgir en distintos frentes.

La realidad de la tercera y cuarta edad, el tema de la gestión económica, la relación con el resto de la congregación, la cuestión de las estructuras de gobierno, la formación permanente, el aspecto de la solidaridad, y el tema de la pastoral integrada con los laicos y otras realidades eclesiales: estos fueron los puntos de encuentro animados en nuestra plaza que disfrutó, por una tarde, de la franqueza de decirse cosas importantes de una manera diferente. De hecho, de un evidente desconcierto inicial vimos florecer un cierto interés y una inesperada apertura a este nuevo método. Al final de la actividad, un pequeño comité de redacción de cada mesa elaboró una recopilación orgánica de todas las intervenciones, en forma de notas post-it, dejadas por los participantes.

Las siete síntesis fueron reelaboradas, en una segunda fase, en siete nuevas “mesas de confianza”, en las que se elaboró un documento sintético, pero compartido por unanimidad, que se presentó en las últimas intervenciones de la asamblea plenaria. En esta última fase también se tuvo en cuenta un método que garantizara tres intervenciones (de un minuto como máximo) por persona: el objetivo era evitar dejar demasiado espacio a algunos, tratando de favorecer las intervenciones específicas y puntuales.

Las conclusiones finales, antes de despedirse, dieron en general la razón al método elegido: expresiones como la experiencia de la fraternidad, las expectativas cumplidas, la posibilidad de razonar juntos, fueron el corolario de los saludos.

En la actualidad

Ante la conclusión positiva de las dos asambleas, la Comisión Capitular se encontró con un corpus de catorce hojas (siete por cada asamblea) que debía reelaborar e interpretar con vistas a la elaboración del Instrumentum Laboris.

Con una puntualidad sistemática, la llegada del otoño trajo consigo tiempos de rigor y restricciones ligados al recrudecimiento de la pandemia: un tiempo todavía suspendido, útil en cierto modo para nuestra reflexión, pero un tiempo también de nuevos y difíciles retos, un tiempo a tener en cuenta en la elaboración de nuestro viaje. Nos preguntamos, de hecho, cómo deberíamos haber tenido en cuenta todo el material elaborado a la luz de lo que ocurría a nuestro alrededor y en nuestras propias comunidades.

Ahora comenzaba la fase que nos llevaría al último paso, el que nos pedía convertirnos no sólo en oyentes capaces de almacenar fielmente las peticiones de los cohermanos, sino también en redactores de un documento final que aportara las adquisiciones que habíamos madurado personalmente durante este largo viaje. Hemos pensado en un documento delgado, de unas quince páginas, con una introducción capaz de dar cuenta del camino recorrido y de las provocaciones que nos llegan de estos tiempos difíciles. Cada sección se ha estructurado para destacar el tema, las orientaciones y una lista de posibles propuestas concretas para el debate.

Uno de los objetivos del Instrumentum Laboris es que pueda servir también de estímulo para un mayor estudio comunitario, en manos de los delegados elegidos para la fase final del Capítulo. Hemos inventado una especie de “Instrumentum Laboris aumentado”: pretende ser una herramienta de trabajo y esfuerzo (de hecho) que ahora confiamos a una Provincia que, aunque lastrada por los años y la situación, hemos reconocido que sigue teniendo ganas de gastarse en el servicio al Reino.

Una apuesta: escuchar para generar

Todo el proceso descrito merece una última consideración: la escucha es siempre la mejor manera de volver a poner en circulación el deseo de pertenencia y el sentido de la fraternidad, pero también de reducir al mínimo la cuota de resignada desconfianza que amarga hoy a una parte de la vida consagrada: una escucha verdadera y sincera puede despotenciar incluso el miedo a la muerte. Por el momento hemos tratado de escucharnos más, a la espera de ver si habremos sido capaces de escuchar de verdad, la capaz de generar decisiones buenas y productivas para el futuro.

Para ser dignamente celebrado, un Capítulo necesita escuchar la Palabra y las palabras de los hermanos: en este clima será posible redescubrir que un carisma puede seguir siendo el signo distintivo de la pertenencia a Cristo, Señor de la vida.

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