30 octubre 2020
30 oct 2020

Mirada al Cielo

de  Gonzalo Arnáiz Álvarez, scj

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Es una fiesta que nos invita a mirar al cielo, nuestra patria futura donde ya muchos de nuestros hermanos nos han precedido y allí gozan de la bienaventuranza eterna.

Jesús, para describir el Cielo (Reino de Dios, Reino de los cielos, Paraíso, Gloria, Reino, Visión de Dios) lo hace usando imágenes (perla preciosa, red llena de peces, mies abundante) que suscitan en el interlocutor una experiencia de gozo inmenso. Pero hay una imagen muy particular y querida por Jesús para hablarnos del cielo: es la del banquete de bodas. El cielo se parece a una boda. La fiesta mayor en todas nuestras familias y pueblos es la fiesta de la boda de una pareja a la que se agasaja y festeja vistiéndose de gala todo el mundo, apoyando el compromiso de fidelidad de los cónyuges, comiendo y bebiendo en sobreabundancia y cantando y bailando de alegría y júbilo. Toda la persona y todas las personas entran en juego y a todos llena el gozo y la fiesta. En la imagen de la boda se trasluce claramente la dimensión comunitaria del cielo junto con la dimensión festiva a tope. El cielo para Jesús es de muchos o de todos y es una fiesta a la que estamos invitados por el Padre y en la que el “novio” será el Hijo. El cielo no puede ser cosa de “robinsones” ni algo aburrido y parado. Es lo máximo de fiesta, de comunión, de solidaridad, de fraternidad, de familiaridad y todo en torno a la figura central que es Dios Padre que nos acoge y abraza en su Hijo. El gran abrazo será el Espíritu Santo.

¿En qué consiste este Reino de Dios o cuál es su contenido existencial?

VER A DIOS. “Ver” a Dios es mucho más que mirar o percibir con la vista. En la Biblia “ver” a una persona implica también una participación en la vida de la persona contemplada. Es vivir en su presencia, cercanía y favor. Ver a Dios es algo existencial. Es ser de la familia de Dios y contarse entre sus predilectos. Es comunión de vida con el Padre, Hijo y Espíritu Santo.  Y esto de forma consciente, voluntaria y gozosa.

VIDA ETERNA. Es vida. No es “muerte” ni nada que se le parezca. Es vida y por lo tanto es dinamismo, actividad, desarrollo, crecimiento, positividad. Es relación, encuentro amoroso, acogida fraterna. Es creación, contemplación, gozo. Es poesía, música, danza, arte. Ciertamente toda esta vida estará o será participada de la Vida de Cristo resucitado que es la fuente de la vida y que ha venido para darnos Vida y Vida abundante. Es Vida Eterna, participada de la misma Vida de Dios.

SER CON CRISTO. “Ver a Dios” y “Vida Eterna” lo son desde Cristo. Cristo es el centro de todo. Ahí está el texto de hoy de Juan, en el que queremos leer que “ver y conocer a Dios es igual a ver y conocer a Cristo, tal cual es”. Jesús, es también en el cielo el gran mediador. El único mediador. Viéndole a Él, será como veremos al Padre. Encontrándonos con Jesús será como nos encontremos también dentro del dinamismo de Amor Trinitario. Solo por el Hijo llegaremos y pasaremos al Padre o viceversa: solo por el Hijo nos llegará la Vida del Padre y por Él seremos hijos en el Hijo. El cielo es “ser con Cristo”. Amar intensamente a Cristo. Él es el culminador de nuestra fe y esperanza.

Quiero recalcar que todo esto lo seremos “juntos”. Unos con otros. Nadie por “libre”.  Y quede claro que todo esto, que es el contenido de nuestra esperanza, por serlo, puede ser anticipado ya a este mundo y tierra nuestra. Anticipado a nuestra historia y tiempo porque si es nuestra esperanza, lógicamente vamos a trabajar en línea con esa esperanza y eso es ya anticipar la realidad futura al presente

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