27 mayo 2026
27 may. 2026

Roma: Una velada memorable con Martino Capelli, SCJ y Elia Comini, SDB, futuros beatos

Este 25 de mayo de 2026, la Casa General SCJ vivió una velada de memoria compartida con el Padre Pier Luigi Cameroni, postulador general de los Salesianos, y su colaboradora, la Dra. Lodovica Maria Zanet, quienes presentaron la profunda fraternidad que unía al dehoniano Martino Capelli y al salesiano Elia Comini, que serán beatificados el próximo 27 de septiembre.

de  Boris Igor Signé, SCJ

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Organizada por la postulación general SCJ, se llevó a cabo una velada de agradecimiento y meditación en la Casa General SCJ para honrar la memoria y la amistad fraterna entre el Padre Martino Capelli (SCJ) y Don Elia Comini (SDB). Los invitados de honor, el Padre Pier Luigi Cameroni, postulador general de los Salesianos, y su colaboradora, la Dra. Lodovica Maria Zanet —cuya colaboración en el seguimiento de ambas causas de beatificación fue vivamente elogiada—, permitieron a los miembros de la comunidad redescubrir el vínculo único que unía a estos dos mártires de la Segunda Guerra Mundial.

Una amistad sacerdotal

El 29 de septiembre de 1944, en San Michele a Salvaro (Bolonia), la barbarie nazi truncó dos jóvenes vidas sacerdotales. Sin embargo, como recordó la Dra. Lodovica Maria Zanet, relatora principal, su martirio no fue fruto de una trágica casualidad, sino el desenlace lógico de dos trayectorias espirituales profundamente convergentes.

Aunque solo compartieron tres meses de vida en común (de julio a septiembre de 1944), su amistad sacerdotal resultó ser un verdadero fresco de virtudes compartidas. Ambos, provenientes de familias pobres pero ricas en fe y profundamente marcadas por la devoción mariana, aprendieron desde la infancia el arte del servicio concreto. «En la guerra se pone en práctica lo que se ha aprendido en la paz», subrayó la relatora. Su sacrificio final no fue más que la prolongación de las «habitudes virtuose» (hábitos virtuosos) consolidados a lo largo de sus vidas.

De la «escuela de fuego» a la elección del riesgo

El viaje de regreso a la juventud de los dos futuros beatos captó de manera especial la atención de los miembros de la comunidad. Por un lado, el Padre Martino, apodado «il Kika» en su infancia, siempre corría para ayudar al prójimo. Por otro, Don Elia, formado en la «scuola di fuoco» (la escuela de fuego) de Monseñor Mellini, discípulo directo de Don Bosco. Ambos poseían una capacidad fenomenal de atracción sobre la juventud: los niños se agrupaban en torno a Don Elia «como polluelos alrededor de la gallina», mientras que los del Padre Martino se aferraban literalmente al cordón de su sotana durante las excursiones.

Esta entrega se transformó en heroísmo puro durante las horas sombrías de la ocupación. La Doctora Zanet recordó el gesto sobrehumano de Don Elia al mover un armario gigante para ocultar a setenta hombres de la vista de los soldados alemanes. En lugar de esconderse, ambos sacerdotes optaron por desafiar el peligro con un único propósito: llevar la Eucaristía y el consuelo a los moribundos.

El «Don de los vínculos» contra la indiferencia moderna

A partir de la vida de los dos mártires, la Dra. Zanet, colaboradora del Postulador General de los Salesianos, ofreció una crítica contundente al individualismo contemporáneo. Tomando el ejemplo trivial pero elocuente de las actitudes humanas en el metro de Roma, donde el desamparo y la necesidad de los ancianos suelen pasar desapercibidos, contrapuso el altruismo evangélico de los dos futuros beatos.

Un concepto poderoso marcó los ánimos: «el don de los vínculos». Don Elia y el Padre Martino encontraron su libertad y santificación en la aceptación de las limitaciones cotidianas, la obediencia religiosa y las renuncias —como cuando el Padre Martino tuvo que renunciar a su sueño de partir a las misiones—. En este sentido, se anunció la próxima publicación de una obra completa que relata la vida y la correspondencia espiritual de estas dos grandes figuras, en la cual se podrá descubrir el «caro librettino», el diario íntimo donde Don Elia, desde los 17 años, expresaba su deseo de ofrecer su vida en «holocausto».

«Somos sacerdotes y debemos ir»

La intervención de la doctora concluyó con la conmovedora evocación de la mañana del 29 de septiembre de 1944. Frente a la pequeña iglesia de San Michele, a pesar de las súplicas de las mujeres del pueblo que intentaban detenerlos para protegerlos, ambos sacerdotes se mantuvieron firmes. Sus últimas palabras aún resuenan en los corazones: «Somos sacerdotes y debemos ir». Ir a llevar a Cristo a quienes lo necesitan.

Continuación del programa

Tras un vibrante agradecimiento, la comunidad se sumergió en un breve silencio de recogimiento antes de la oración de las vísperas. Posteriormente, una cena solemne con intercambio de obsequios marcó el alegre cierre de este encuentro memorable, donde el Padre Martino y Don Elia demostraron una vez más que la santidad no es una abstracción, sino una sucesión de decisiones cotidianas guiadas por el amor.

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