Caminar eternamente con Su Corazón: Preparación para los votos perpetuos en la India
El programa anual de preparación para los votos perpetuos de la zona Asia combinó con éxito el aprendizaje en el aula y las experiencias de campo para enriquecer profundamente a todos los jóvenes religiosos participantes. Lamentablemente, los hermanos de la Provincia de Indonesia no pudieron asistir debido a problemas de visado.
Símbolo de Amor
Como jóvenes religiosos dehonianos que nos preparamos para la profesión perpetua, tenemos el privilegio de emprender este camino sagrado de encuentro con el Corazón de Jesús, el mayor tesoro que nos ha sido confiado por nuestro Fundador, el Venerable León Juan Dehon. Sus memorables palabras siguen resonando en nuestros corazones: “Os dejo el tesoro más grande de todos: el Corazón de Jesús.”
Estas palabras son mucho más que una herencia espiritual; son una invitación a abrazar un estilo de vida. Como futuros dehonianos llamados a convertirnos en vivas oblaciones de amor para Dios Padre, se nos desafía a descubrir cada vez más profundamente este tesoro inagotable, caminando fielmente tras las huellas del Padre Dehon y dejando que nuestros corazones se conformen al Corazón de Cristo.
Mucho más que un discurso intelectual
Todo viaje digno de ese nombre comienza con una preparación minuciosa; la calidad de su inicio determina a menudo la fecundidad de su destino. Fortalecidos por esta convicción, nosotros, los jóvenes religiosos de la zona Asia, comenzamos nuestra sesión de preparación para los votos perpetuos de un mes de duración: una peregrinación llena de gracia que nos condujo más profundamente al misterio del Corazón de Jesús a través de la vida, la espiritualidad y la visión del Padre Dehon. Más que un período ordinario de formación, fue un tiempo privilegiado de encuentro personal con Cristo, un tiempo de discernimiento, de renovación y de escucha más atenta de la voz de nuestro Fundador.
A lo largo de este mes, fuimos alimentados por las dimensiones indispensables de la vida religiosa dehoniana. El programa no era una mera preparación teórica para la profesión perpetua; se trataba más bien de una profunda invitación a abandonarnos más completamente a la misión de la Congregación y a la vida de la Iglesia, acogiendo la voluntad de Dios con un corazón generoso. Descubrimos progresivamente que la profesión perpetua no es simplemente la culminación de varios años de formación, sino el comienzo de una ofrenda para toda la vida: una participación continua en la misma oblación de Cristo hacia el Padre.
El Padre Dehon expresa magníficamente este espíritu cuando escribe: “Por Él vivo; por Él muero.” Toda su espiritualidad encuentra expresión en estas palabras fundamentales que siguen moldeando cada vocación dehoniana: Ecce Venio… Ecce Ancilla. Como nos recuerda nuestra Regla de Vida, “Toda nuestra vocación, nuestro fin, nuestro deber, nuestras promesas se encuentran en estas palabras.” Estas expresiones se convirtieron en mucho más que citas inspiradoras durante nuestra sesión; se convirtieron en la oración de nuestros corazones, invitándonos a poner nuestra vida entera a disposición de la voluntad amorosa de Dios.
Un rico intercambio de recursos
La semana de introducción fue animada por el P. Immanuel Nanduri, SCJ, quien nos guio hacia la riqueza de la visión de nuestro Fundador a través de los escritos originales del P. Dehon. Sus sesiones ofrecieron no solo perspectivas históricas, sino también una experiencia viva de nuestro carisma. A través de un estudio reflexivo de las Constituciones, llegamos a comprender más profundamente que una vida dehoniana auténtica se arraiga en la integración armoniosa de la contemplación y el servicio apostólico. Ser dehoniano es permanecer ante el Corazón de Cristo en oración, permitiendo al mismo tiempo que ese mismo Corazón lata a través de nuestro servicio a los demás.
La semana siguiente, animada por el Superior Regional de la India, el P. Michael Augustine, SCJ, exploró los temas de la integración psicocristiana-espiritual-sexual y los consejos evangélicos. Sus presentaciones nos invitaron a un diálogo honesto con nuestro propio crecimiento humano y madurez afectiva, reconociendo que una vida consagrada auténtica abraza a la persona en su totalidad. Al integrar la sabiduría psicológica con el discernimiento espiritual, estas sesiones profundizaron nuestra comprensión de los votos de Pobreza, Castidad y Obediencia como expresiones gozosas de libertad, de entrega de sí y de comunión con Dios. También tuvimos la alegría de mantener un encuentro online con nuestro Superior General, cuyas reflexiones nos inspiraron a fortalecer nuestra identidad dehoniana, nuestra fraternidad y nuestra disponibilidad misionera en el seno de la Congregación universal.
La tercera semana fue enriquecida por la presencia del P. Yudistiro Adifitrityassanto (Yudhis), SCJ, Director del Centro de Estudios Dehonianos en Roma. Gracias a su profundo conocimiento de la vida y los escritos del P. Dehon, abrió ante nosotros la notable personalidad de nuestro Fundador: un contemplativo profundamente inmerso en el Corazón de Cristo y, al mismo tiempo, un apóstol valiente comprometido con la transformación de la sociedad a través del Evangelio. Sus presentaciones revelaron hasta qué punto la contemplación y el compromiso social son inseparables dentro de la vocación dehoniana. La convicción del P. Dehon de que no se puede ser verdaderamente cristiano sin estar socialmente comprometido encontró una expresión poderosa en el título de su revista mensual: El Reino del Corazón de Jesús en las almas y en las sociedades. Inspirados por esta visión, renovamos nuestro deseo de convertirnos en misioneros cuyos corazones permanezcan abiertos tanto a Dios como a los clamores de la humanidad.
La semana de clausura reunió varias perspectivas enriquecedoras sobre la vida religiosa:
- El P. Mahesh, SCJ meditó sobre la belleza de la vida consagrada y comunitaria, recordándonos que la fraternidad no es solo una necesidad práctica, sino un testimonio visible del Evangelio.
- El P. Sundar Raj, SCJ nos invitó a afrontar los desafíos contemporáneos de la vida religiosa con esperanza, valentía y fidelidad.
- El P. Jayaraj, SCJ y el P. Sanil, SCJ compartieron sus experiencias misioneras en Sudáfrica, ampliando nuestra comprensión de la universalidad de nuestra vocación y animándonos a cultivar corazones de misioneros generosos allí donde la Congregación nos llame.
Sint Unum
La formación se extendió mucho más allá de las aulas. Algunos de los momentos más significativos de nuestro camino se vivieron a través de las alegrías sencillas de la vida comunitaria. Peregrinaciones, veladas culturales, juegos, comidas compartidas y momentos de recreación se convirtieron en ocasiones privilegiadas de fraternidad. Al celebrar, viajar, orar y compartir la vida cotidiana juntos, experimentamos cada vez más profundamente el espíritu dehoniano del Sint Unum(que todos sean uno). Estos momentos aparentemente ordinarios moldearon silenciosamente nuestros corazones, enseñándonos que la fraternidad misma es una expresión profunda de nuestra vocación.
Al mirar atrás hacia este mes de gracia, reconocemos que la sesión de preparación para los votos perpetuos fue mucho más que un simple programa de formación. Fue un encuentro transformador con Cristo, con nuestro Fundador, de unos con otros y con nosotros mismos. Renovó en nosotros el deseo de vivir cada vez más fielmente nuestro carisma dehoniano de “Unión a la Oblación de Cristo” (Regla de Vida, N° 17), ofreciendo nuestras vidas de todo corazón al servicio del amor de Dios, de la Iglesia y de todos los hombres, especialmente de los más necesitados.
Con el corazón agradecido y lleno de una esperanza renovada, avanzamos tras las huellas del Venerable León Juan Dehon, confiados en que el Corazón que nos llamó continuará guiándonos. Juntos, con una sola voz y un solo corazón, proclamamos con alegría la oración que se ha convertido en el latido mismo de nuestra vocación: “¡Venga a nosotros tu Reino!”
Que todo lo que hemos contemplado, aprendido, celebrado y vivido durante este mes sagrado continúe formándonos para hacer de nosotros auténticos religiosos dehonianos, cuyas vidas permanezcan para siempre unidas al Corazón de Jesús, caminando eternamente con Su Corazón.









