«Salgamos, pues, hacia Él» (Heb 13,13): Una espiritualidad de la acogida, de la fraternidad y del compromiso social en el contexto africano y congoleño
«Una África reconciliada, un Congo pacificado, una Iglesia fraterna, una Provincia unida, una humanidad reunida en el Corazón de Cristo». Una recepción africana de la carta del Superior General con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón 2026.
La carta del Superior General, el Padre Carlos Luis Suárez, publicada con motivo de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús 2026, se inscribe en la gran tradición espiritual dehoniana. Propone una profunda meditación sobre la misión de la Congregación hoy a partir de un texto bíblico central: «Salgamos, pues, hacia él, fuera del campamento» (Heb 13,13).
Esta invitación está dirigida a toda la Familia Dehoniana. Nos llama a dejar nuestras seguridades para encontrarnos con Cristo allí donde sufre, allí donde la humanidad está herida, allí donde el Reino está aún por construir. In el contexto africano, y particularmente en el congoleño, esta carta reviste una actualidad notable. Nuestro continente está marcado simultáneamente por: una juventud dinámica y llena de esperanza; migraciones masivas; conflictos armados persistentes; profundas desigualdades sociales; pero también por una fe viva y fuertes solidaridades comunitarias. A partir de lo anterior, y en sintonía con la carta del Padre General, surge una problemática: ¿Cómo vivir hoy el carisma dehoniano como acogida del Espíritu, fraternidad reparadora y compromiso transformador en el corazón de nuestras realidades africanas? Para responder a esta pregunta, podemos destacar cuatro puntos de la lectura de la carta: la acogida, el Espíritu Santo y la transformación de la comunidad, la espiritualidad de la presencia y una Iglesia en salida.
I. LA ACOGIDA: PRIMERA EXPRESIÓN DE LA REPARACIÓN
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La escultura de los migrantes: un símbolo de nuestro tiempo
El Padre General abre su reflexión con la escultura «Angels Unawares» (Ángeles sin saberlo) instalada cerca de la plaza de San Pedro (cf. Heb 13,2). Esta imagen es particularmente elocuente para África. Hoy en día, millones de africanos viven la experiencia del desplazamiento: refugiados de los conflictos (parroquia San Gabriel y Santa Marta); migrantes económicos (el Mediterráneo); jóvenes que buscan un futuro mejor en otros lugares.
En la RDC, las poblaciones del Este conocen esta dolorosa realidad desde hace varias décadas. La escultura recuerda así que detrás de cada migrante se esconde una historia sagrada, detrás de cada desplazado se esconde un ángel. Es aquí donde el Padre General cita con énfasis esta exhortación de la Epístola a los Hebreos: «No se olviden de la hospitalidad, por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles» (Heb 13,2).
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La hospitalidad en la cultura africana
Esta palabra conecta profundamente con los valores africanos tradicionales. En muchas culturas africanas: el extranjero es acogido; el visitante es honrado; la comunidad prevalece sobre el individuo. En efecto, el principio del «vivir juntos» constituye un tesoro cultural que el cristianismo puede valorizar. Sin embargo, la carta del Padre General nos lleva más allá: se puede leer entre líneas que la acogida no es solo un valor cultural. Se convierte en una experiencia espiritual. Más aún cuando, según el Padre General, la acogida es «un termómetro de la salud de nuestra identidad carismática». En otras palabras, nuestra manera de acoger expresa lo que somos como cristianos y miembros de la familia dehoniana. Cabe preguntarse entonces: ¿cómo acogemos a los pobres, a los jóvenes, a las personas de otras tribus, a las personas heridas por la vida, a los refugiados, etc.?
La respuesta a estas preguntas revela la calidad de nuestra vida cristiana y nuestra fidelidad a la hospitalidad dehoniana como virtud carismática de nuestra espiritualidad.
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La reparación como acogida del Espíritu
La carta del Padre Superior General retoma el número 23 de nuestras Constituciones: «La reparación es acogida del Espíritu». Esta afirmación es fundamental. En ciertos contextos africanos, la reparación se comprende a veces principalmente como penitencia o sacrificio. El Padre General regresa a la intuición profunda del Padre Dehon: la reparación comienza por la acogida. Acoger a Dios, a los demás, la historia, la misión. Ya que, después de todo, es el Espíritu Santo quien hace esto posible.
II. EL ESPÍRITU SANTO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA COMUNIDAD
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Jesús, hombre conducido por el Espíritu
La segunda parte de la carta contempla a Jesús. Toda su vida está animada por el Espíritu: en la Anunciación; en el Bautismo; en el desierto; en su misión; hasta la Cruz. Esta visión es particularmente importante para nosotros en el contexto de la África contemporánea. Nuestra sociedad se enfrenta a menudo a la violencia, la corrupción, el desaliento y las divisiones étnicas.
Frente a estos desafíos, la carta del Padre recuerda que la transformación duradera no proviene únicamente de las estrategias humanas. Viene, en primer lugar, del Espíritu. Por lo tanto, debemos aprender a entrar en la dinámica neumática dejándonos conducir por el Espíritu.
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Pentecostés y reconciliación
El Padre General medita luego sobre Juan 20. Allí se ve al Cristo resucitado que calma los temores, que restaura la comunión, que da el Espíritu. De todo esto brota el nacimiento de una comunidad nueva. Esta reflexión toca directamente a nuestras familias y, sobre todo, a la República Democrática del Congo. Nuestro país experimenta todavía las heridas de la guerra, las tensiones comunitarias y los traumas colectivos. Es ahí donde estamos llamados como Iglesia, y especialmente como familia dehoniana, a convertirnos en un lugar de sanación; un «hospital de campaña», como decía el Papa Francisco; un lugar donde se puedan vendar las heridas de nuestro tiempo. A partir de aquí, el Padre General hace referencia al número 65 de nuestras Constituciones: «En la comunión que subsiste a pesar de los conflictos y en el perdón mutuo…» He aquí nuestra misión profética. En una sociedad fragmentada, nuestras comunidades y nuestras familias deben convertirse en laboratorios de reconciliación.
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Una fe con consecuencias sociales
El Padre General cita al Papa León XIV: «La experiencia cristiana genera consecuencias sociales en el mundo» (Magnifica Humanitas n.° 49). De esta afirmación capital podemos deducir que la espiritualidad del Sagrado Corazón no es una devoción intimista. Es una fuerza de transformación social. En nuestro contexto, consiste en luchar contra la pobreza, promover la educación, defender los derechos humanos, salvaguardar la creación y hacer una opción Pro Pace(trabajar por la paz). Todo esto forma parte integrante de la misión. Y el Padre Dehon ya lo mencionaba cuando hablaba del «advenimiento del Reino del Sagrado Corazón en las almas y en las sociedades».
III. ESTAR AHÍ: UNA ESPIRITUALIDAD DE LA PRESENCIA
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El ejemplo de Lacanche
El Padre General presenta a continuación la experiencia de la fraternidad de Lacanche. Una expresión se repite: «Estar ahí». Esta fórmula parece sencilla. Sin embargo, contiene una inmensa riqueza espiritual. Estar ahí es estar donde se debe estar (en comunidad, en familia, en el lugar de servicio o de apostolado), pero también es estar con el hermano, con los pobres, con los olvidados, con los jóvenes, con los ancianos, con las poblaciones abandonadas.
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Una lección para nosotros hoy
Esta intuición conecta profundamente con las necesidades pastorales congoleñas. A menudo, las poblaciones no esperan en primer lugar proyectos gigantescos o estructuras imponentes. Esperan una presencia. En varias regiones de nuestra Provincia SCJ del Congo (pueblos aislados, zonas de conflicto, periferias urbanas y existenciales), el testimonio de una presencia fiel constituye ya un anuncio del Evangelio. Exactamente como Jesús: habita entre los hombres, comparte su condición, camina con ellos.
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Contra la tentación del poder
Por otra parte, en este caminar, el Padre General advierte también contra «las dependencias» y «la indispensabilidad personal». Esta observación es muy pertinente. En los contextos eclesiales africanos, existe a veces una personalización excesiva de las obras. Es ahí donde la carta del Superior General recuerda que la misión pertenece a Cristo. El misionero es servidor, no propietario.
IV. SALIR HACIA CRISTO: UNA IGLESIA EN MISIÓN
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María y el discípulo amado
El Padre General presenta a la Virgen María y al discípulo al pie de la Cruz como modelo de comunidad. Ellos nos enseñan, en efecto, a escuchar, a acoger, a construir una fraternidad nueva. Esta imagen puede inspirar a nuestra Provincia SCJ. Frente a los desafíos contemporáneos: la rápida urbanización que va acompañada del despojo de tierras; la secularización progresiva; la crisis socioeconómica; las tensiones y conflictos; estamos llamados a crear comunidades capaces de portar la esperanza.
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«Salgamos, pues, hacia Él»
La expresión central de la carta resulta entonces clara. Salir hacia Cristo significa: ir hacia las periferias; encontrar a los excluidos; escuchar a los jóvenes; defender la dignidad humana; servir a la paz. Para nosotros, concretamente, esto puede significar: acompañar a las víctimas de la guerra; promover la reconciliación; apoyar la educación y la salud; proteger los recursos naturales contra su explotación injusta; alentar una participación ciudadana responsable.
Conclusión: El testimonio del Beato Martino Capelli
La carta concluye con la figura del Padre Martino Capelli, quien será beatificado el próximo 27 de septiembre. En un contexto de odio y de guerra, él respondió con: el amor, el perdón y la fraternidad. Su ejemplo responde a los desafíos de la África contemporánea. Frente a las violencias que aún desgarran algunas regiones del continente, el testimonio de los mártires nos recuerda que la verdadera fuerza cristiana no es la dominación; es el amor. El Padre General concluye finalmente regresándonos al sueño del Padre Dehon: hacer del Corazón de Cristo el lugar donde todos los hombres se encuentren como hermanos.
Para África y para el Congo, esta visión sigue siendo una misión urgente: una África reconciliada, un Congo pacificado, una Iglesia fraterna, una Provincia unita, una humanidad reunida en el Corazón de Cristo.


