24 mayo 2021
24 may 2021

J.G. Hernández: el ideal venezolano en un ideal venezolano

El 30 de abril de 2021 fue beatificado el médico venezolano G. Hernández. Su vida fue y sigue siendo importante para los venezolanos de ayer y de hoy. Pero no sólo.

de  P. Antonio Teixeira scj
Settimananews

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En los últimos días, me ha llamado la atención ver cómo, en diversas partes del mundo, la beatificación del Dr. José Gregorio Hernández ha sido una noticia importante. Recibí algunas llamadas del extranjero y lo que me preguntaban sobre todo era por qué todos los venezolanos estaban tan contentos con su beatificación.

No pretendo detenerme en una biografía, porque esta información puede encontrarse en varios lugares de la web. En cambio, quiero destacar que su vida ha sido y sigue siendo importante para los venezolanos de ayer y de hoy.

 Medicina y proximidad

Francisco Salas Pérez publicó una entrevista con José Gregorio en 1893 en la revista cultural El Cojo Ilustrado, en la que describía a nuestro Beato como un importante e ilustre caribeño: “Sabe todo lo que puede saber un hombre que ha pasado sus 26 años aprendiendo, pero además conoce una ciencia que no se puede aprender en ninguna academia. Sabe cómo hacerse querer. Como médico se convertirá en una celebridad, su fama ya está consolidada: sólo es cuestión de tiempo que se extienda”.

José Gregorio no era sólo un médico, era un amigo, alguien cercano y preocupado por la vida y la salud de quienes visitaba. Además de su trabajo en el hospital, tenía su propia consulta privada, donde también atendía a los pobres con la misma atención que los que podían pagarle. Su religiosidad y carácter andino se combinan con la elegancia del Caraqueño de finales del siglo XIX y principios del XX y la visión del mundo que había estudiado en París, Berlín y Madrid.

Su éxito en el mundo de la medicina no le privó de su cercanía a todo el mundo. La gente lo conocía como un buen hombre, fácil de llevar, humilde y muy sabio. Se dejó querer y por eso el día de su entierro las calles de Caracas se llenaron para ver pasar el cortejo fúnebre.

 Una ocasión para la Iglesia venezolana

La beatificación de José Gregorio es de gran importancia para la Iglesia venezolana, no porque tenga una persona más en los altares, sino porque con ella se beatifica la forma popular de entender y vivir la fe propia de los venezolanos.

Para el venezolano, un hombre de fe no es aquel que se caracteriza por sus muchas devociones y prácticas religiosas, sino por su bondad y cercanía. De hecho, las devociones en Venezuela son un lugar de encuentro y celebración y no rituales formales y estudiados. Por citar algunas de estas devociones, cabe mencionar la Cruz de Mayo, en la que se recitan y cantan fulías; [1]  el Corpus Christi, con los tradicionales diablos bailando ante el Santísimo Sacramento, y San Juan Bautista, con tambores y bailes alrededor de la imagen del santo. No hay devoción popular sin relación y no hay relación sin celebración.

Este estilo de vida, en el que las relaciones son el eje en torno al cual se articula la existencia, está inscrito en el ADN de los venezolanos. Nadie ha logrado vivir tanto este ideal relacional como el Dr. José Gregorio Hernández; de hecho, la forma de relacionarse de José Gregorio ha dejado una huella tan profunda en la vida y la memoria de los venezolanos que su vida se ha convertido en un ideal a alcanzar. Se entiende, por tanto, que no sea casualidad que este nuevo beato sea querido no sólo por los católicos, sino también por los venezolanos pertenecientes a otras confesiones religiosas e incluso por los ateos.

El respeto que el mundo académico tiene por este famoso beato no sólo se debe al aprecio por su contribución a la ciencia, sino a su bondad. Luis Razzeti, distinguido médico venezolano, ateo por convicción, crítico intelectual de la fe y opositor académico de José Gregorio, sorprendió a muchos venezolanos cuando, tras la muerte del beato, reconoció a José Gregorio como un auténtico sacerdote de la medicina.

Por su parte, Rómulo Gallegos, el escritor más destacado de la historia de Venezuela y que también fue presidente de la nación, dijo consternado: “Bendita sea la muerte de este hombre que nos hizo vivir horas intensas de elevación espiritual. (…). Lágrimas de amor y gratitud, el temblor angustioso de los corazones rotos por el golpe absurdo y brutal que destrozó una preciosa existencia, el dolor, el asombro, todo ello compuso en torno al cuerpo del doctor Hernández el más bello homenaje que un pueblo puede rendir a sus grandes hombres (…) No fue un muerto lo que llevaron a enterrar; fue un ideal humano que pasó triunfante, electrizando nuestros corazones. Uno puede estar seguro de que al seguir el féretro del Dr. José Gregorio Hernández todos experimentamos el deseo de ser buenos.”

 El reto de una beatificación

La beatificación plantea algunos retos a la institución eclesial venezolana. La figura de José Gregorio reúne a venezolanos de diferentes tendencias políticas, lo que supone una gran oportunidad para tender puentes y entablar diálogos hasta ahora negados por la tozudez de los actores políticos.

Otro frente abierto con la beatificación es el de la evangelización.

No cabe duda de que el venezolano es un cristiano con estilo propio, y eso explica que nunca se haya dejado controlar por las instituciones eclesiales. Es hora de dar la mano a una Iglesia que reconozca y entienda la fe popular del venezolano de a pie. El cristianismo en Venezuela es más popular que institucional.

Si los pastores de la Iglesia logran captar la riqueza de la fe que encierra la vida cotidiana de los venezolanos, se generarán nuevas formas litúrgicas donde la gente se vea reconocida y se sienta festejada; propuestas éticas más centradas en la bondad que en el pecado y relaciones fraternas basadas en la bondad y la solidaridad.

El reto para la Iglesia institucional es grande. Hay que decir que los que realmente nunca olvidaron ni abandonaron la causa de José Gregorio fueron los fieles del pueblo. La institución eclesiástica, por el contrario, no se ha comprometido en el tiempo.

Hay que reconocer que desde el inicio del proceso de beatificación ha habido momentos de olvido y abandono de la causa. Los habitantes de los campamentos y los barrios obreros nunca lo han hecho.

Por eso es el santo del pueblo venezolano, el pueblo que desde el momento de su muerte lo canonizó colocándolo en altares improvisados en las casas de nuestros barrios populares, pintándolo en los murales de la ciudad y pegando su imagen sobre las camas de los hospitales para proteger y cuidar a los enfermos del lugar.

 

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