09 noviembre 2020
09 nov 2020

Hacer de la Iglesia un laboratorio de humanización

Entrevista a Monseñor José Ornelas Carvalho, Obispo de Setúbal (Portugal) y Presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa. Resumen de la video-entrevista.

de  Sergio Rotasperti, scj

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Durante 12 años dirigiste la Congregación de los Dehonianos y al final de tu servicio fuiste inmediatamente consagrado obispo de la diócesis de Setúbal; desde el pasado mes de junio eres presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa. Tú siempre manifestaste que querías ser misionero, pero estás en el corazón de las instituciones eclesiales. ¿Cómo conciliar la misión y la institución?

Siempre quise ser sacerdote y misionero, pero Dios siempre me ha sorprendido. Me daba un poco de nostalgia lo que dejaba atrás, pero lo aceptaba todo lo que venía sin amargura y nunca se me subieron a la cabeza los distintos cargos que me tocó asumir. Personalmente hubiera preferido ir a la misión, pero el Papa me pidió que fuera misionero aquí, en Setúbal. La misión está en Europa hoy en día y esto es un desafío para toda la Iglesia.

Recientemente escribiste una nota pastoral en la que invitas a los cristianos a enfrentar esta época de la pandemia como “un retorno a la comunidad”. ¿Puedes explicarlo mejor?

También aquí en Portugal la pandemia está resurgiendo de nuevo. En primer lugar, debemos defender la vida y no poner a nadie en peligro. Incluso durante el confinamiento hemos visto que es posible vivir, organizar, celebrar la comunidad. La Iglesia no se crea sencillamente por vía digital, pero es cierto que la creatividad digital ha sido formidable, y espero que esto permanezca. Tenemos que hacer comunidad. La Iglesia debe funcionar como un laboratorio de comunión, de ayuda, de compartir recursos.

Para superar el virus, no se pueden crear brechas sociales y económicas. He notado como aquí, en la diócesis, los mayores brotes han surgido entre los grupos más débiles. Debemos enfrentar la crisis juntos. Estamos en el mismo barco, como dice el Papa Francisco. La Iglesia debe abrirse para que se vea que estamos juntos y que tratamos de enfrentar la pandemia juntos. De lo contrario, el futuro será difícil para todos.

Durante este tiempo de COVID-19 el Parlamento portugués ha puesto la eutanasia en la agenda. ¿Cómo reaccionó la Iglesia portuguesa?

La Iglesia, como ya lo hizo con el tema del aborto, ha actuado sabiamente. No ha hecho un ejercicio de fuerza y poder, sino que ha querido hacer reflexionar a la gente. Se ha hecho un importante trabajo de concienciación. El Parlamento rechazó el referéndum firmado por 100.000 ciudadanos, prefiriendo actuar solo. Nunca condenaré a una persona que, en el límite de la esperanza y para poner fin al dolor (no solo el físico) decide acabar con su vida. Nunca la condenaré, sino que me pondré a su lado. Lo que no puedo aceptar es que la sociedad proponga la eutanasia como una buena noticia y como un remedio para las personas que están al final de sus vidas. La sociedad debe estar atenta y acompañar a las personas para ayudarles a encontrar razones para vivir. Nuestro país debe invertir en cuidados paliativos y experimentar con formas especializadas de acompañamiento de enfermos terminales. Especialmente en esta época de pandemia, debemos estar junto a los ancianos y a los más frágiles.

En el Santuario de Fátima has querido destacar el papel de la mujer en la Iglesia. Un tema delicado en el debate eclesial junto con otros, como la lucha contra los abusos y las parejas homosexuales, sobre los que el Papa Francisco también expresó recientemente su opinión.

Creo que es importante entender el espíritu del Evangelio, el acercamiento al hombre y a la mujer. En Fátima dije que la Iglesia debe ser maternal y paternal. La Iglesia en su masculinidad no refleja ni la creación ni el Evangelio. En Fátima hemos celebrado a María. ¿Cómo puedes sacar a la mujer de la casa? Ella es la imagen de la Iglesia y le dio la bienvenida a Jesús.

Si una persona es frágil, nuestro deber es cuidarla y acompañarla. Dios nos ama, y amarnos es la fuente de todo. Si somos hermanos y tenemos dificultades, debemos mirarnos con amor y respeto y cuidarnos mutuamente. Si el juicio reemplaza al amor, significa que no hemos entendido la nueva lógica del Evangelio. En temas debatidos como el reciente sobre la homosexualidad hay posiciones muy conflictivas. No estoy preocupado por eso. Necesitamos que la Iglesia sea un laboratorio de humanización.

El 4 de octubre pasado, el Papa Francisco publicó la nueva encíclica “Fratelli tutti” (Hermanos todos). ¿Qué debemos hacer?

Debemos crear una cultura del evangelio: la cultura de un mundo para todos. Hay movimientos populistas que se presentan como paladines de valores que son antivalores, como no querer contaminarse con otros, o dejar fuera a los emigrantes. El Evangelio debe crear una cultura, una cultura inclusiva, abierta a todos.

El Día Mundial de la Juventud se celebrará en Lisboa en 2023. ¿Cómo se preparan las diócesis? ¿Con qué espíritu debemos prepararnos?

Parto de la experiencia de mi diócesis. Desde hace unos tres años nos centramos en los jóvenes, pero no por la moda. Las parroquias se quejan de que no tienen jóvenes, pero cuando los tienen, ¿qué hacen? No les pasamos el testigo. Son ellos, los jóvenes, los que deben de convertirse en los verdaderos protagonistas y responsables en la parroquia. Debemos tomar en serio a los jóvenes. En las parroquias estamos haciendo el Consejo de los jóvenes, porque deben tener una palabra en la comunidad y el Consejo parroquial debe escuchar a los jóvenes, y lo mismo a nivel diocesano. Como en una familia, los jóvenes deben de tener las llaves de la casa. ¿Cuándo les damos las llaves de nuestra parroquia? El sacerdote debe acompañarlos, ejercer de sacerdote, y dejar la organización a los jóvenes.

En cuanto a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, estamos haciendo cursos de formación, en colaboración con las autoridades civiles. Estamos convencidos de que será un momento de esperanza, una experiencia de comunión universal, de compartir la alegría de ser cristianos.

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