P. Francisco Belarmino Gomes

P. Francisco Belarmino Gomes

* 09.07.1962
† 26.03.2021
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Padre Francisco Belarmino Gomes nació el 9 de Julio de 1962 y tenía 58 años. Hizo sus primeros votos el 15 de Febrero de 1992 y fue ordenado sacerdote el 28 de Enero de 1996.

Actualmente vivía en Recife (Brasil). Pertenecía a la Provincia BRE.

El Señor es mi pastor, nada me falta (Sl 23,1)


(P. Josemar Joaquim SCJ, Superior Provincial) Queridos hermanos en el sacerdocio, cohermanos, familiares, feligreses de la Parroquia de Santa Clara, antiguos feligreses y amigos del P. Josemar Joaquim.

El legado del padre Belarmino es un evangelio al descubierto para todos nosotros. Ya que comunica una buena noticia a los pobres, sufridos y pequeños de este mundo. Nuestro Señor Jesucristo fue siempre la CENTRALIDAD de su vida. Por eso, la vida de nuestro cohermano, el P. Belarmino, no se entiende fuera de esta perspectiva de fe en un Dios que elige a los pequeños de este mundo para realizar su plan de amor y que ama a los desheredados de la tierra.

Siempre solícito, responsable y obediente, correspondió admirablemente a su vocación humana y cristiana. Nunca renegó de sus raíces nordestinas y familiares. Tuvo la gracia de terminar sus días en medio de sus seres queridos y en el seno de su familia religiosa.

“Al ver la multitud, Jesús subió al monte y se sentó. Los discípulos se acercaron y Él comenzó a enseñar las bienaventuranzas”. Las bienaventuranzas son un camino de liberación de las cosas terrenales, y siguen siendo una propuesta de vida santa. Podemos decir que el P. Belarmino hizo el mismo movimiento de acercamiento a Jesús que los discípulos y se dejó moldear por Él. Este requisito para ser verdaderamente un discípulo del Maestro, ¡lo hizo muy bien!

Nuestra familia religiosa -Congregación de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús-, familiares, feligreses, antiguos feligreses y amigos, somos testigos del Evangelio vivo que fue la vida de este hermano nuestro.

Sacerdote según su corazón

Se hizo pobre por los pobres, autentificando el anuncio del Evangelio por donde quiera que fuera. Su modelo de vida, despojado de todo, ha sido un testimonio fiel de quien supo vivir libre por amor. El padre Belarmino fue un hombre de gran fe. Era un gran devoto del Sagrado Corazón de Jesús. Partió hacia el Corazón del Padre un viernes…

No era difícil ver al P. Belarmino ante el Santísimo Sacramento. Rezaba el Rosario todos los días y muchas veces, en las madrugadas de la vida. Un hombre manso, de pocas palabras, misericordioso, siempre dispuesto a escuchar y que no media esfuerzos para ayudar al prójimo. Acogedor, amigo, consejero. Las bienaventuranzas proclamadas en el Evangelio de hoy pueden verse claramente en la vida de nuestro querido cohermano.

Un hombre fuerte

Superó el ictus isquémico, superó el covid-19 en el postoperatorio, superó una infección respiratoria, ¡lo aguantó todo! Lo ofreció todo al sufrimiento de Jesús en la Cruz. ¡Un hombre de gran fuerza, gran fe, gran paciencia! Supo soportar los dolores de los que sufren con una enfermedad totalmente agresiva.

En esos últimos meses de su vida, el padre Francisco nunca se quejó de nada. Afrontó todo con gran sobriedad. Siempre bendecía a todos los que le visitaban.

Le gustaba hablar de deportes, seguía de cerca la vida de sus equipos: Treze (de Campina Grande/PB) y el Flamengo…

Los últimos momentos de su vida…

El último miércoles tuvo una gran mejora. Creo que, como dice el dicho popular, “la mejora de la muerte”. Sabía todo lo que estaba pasando. Era muy consciente. Incluso comentó el último discurso del gobernador sobre las nuevas restricciones de aislamiento anunciadas por el gobierno del estado de Pernambuco.

Aunque sus índices eran buenos y aparentemente estaban bien, a pesar de todo, ya no quería alimentarse y rechazaba los medicamentos. Se durmió temprano. Alrededor de las 3:30 de la mañana se despertó convulsionado. Tenía fiebre alta y la saturación estaba bajando. El padre Dalmon Lemos, con la ayuda de los cuidadores, prestó los últimos auxilios… a las 5:20 de la mañana el padre Francisco entregó su espíritu y fue llevado a los brazos del Buen Pastor.

En los versos de San Juan de la Cruz hay un lugar donde dice que: al final de su vida mortal será juzgado por el amor. La misericordia triunfa sobre el juicio por el amor de Dios hacia nosotros, por el amor que existe entre nosotros.

Estamos aquí como hermanos en el sacerdocio ministerial. La gracia sacramental crea una profunda relación entre nosotros. Ciertamente, la muerte de uno de los nuestros es una llamada a vivir nuestro sacerdocio con mayor intensidad y fidelidad.

Nuestra Provincia, sin duda, ha perdido a uno de sus grandes cohermanos. ¡Pero gana un excelente intercesor en el cielo! Un santo llega al Corazón de Jesús. Un hijo muy amado por un Dios de amor infinito. Hoy tenemos la certeza de que está con Dios.

Francisco fue un religioso que supo cuidar muy bien su vida sacerdotal, de infinita sencillez. Que Dios nuestro Padre le conceda el descanso eterno, en ese encuentro definitivo de la gloria celestial.

Demos gracias a Dios por todo lo que se realizó por él y a través de él. En nombre de toda la Congregación, doy las gracias a los que estuvieron más cerca de él al final de su viaje en este mundo. A todos los cohermanos y formandos, a los familiares, a los cuidadores; a todos los médicos que se comportaron como verdaderos mensajeros de Dios; a las Hermanas Siervas de la Caridad; a sus familiares, a la Parroquia de Santa Clara y a todos los que rezaron durante esos seis meses por el P. José María.

El dolor de este día invadió nuestros corazones con la temprana partida de nuestro cohermano. Sin embargo, la certeza de la resurrección calienta, consuela y reconforta nuestros corazones. El P. Belarmino ya ha ido al Reino definitivo, y ya está en compañía de los santos que veneraba en la tierra: viva con ellos, pero no se olvide de interceder por nosotros para que perseveremos en nuestra peregrinación de fe.

Hoy nos despedimos.

La esperanza ciega en el Señor nos hace creer: un día nos encontraremos todos en el cielo como nuestro hermano en la eternidad.

¡Dale Señor el descanso eterno!

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