25 junio 2021
25 jun 2021

Según el carisma del Fundador (II)

Presentación en varias entregas de la “Guía de lectura” de las Constituciones, escrita por el P. Albert Bourgeois.

de  P. Albert Bourgeois, scj

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1. Una referencia “constitutiva”

100  El título del primer capítulo de las Constituciones fija desde el inicio una especie de principio constitutivo, la referencia a la “experiencia”, a la “gracia” y a la “misión” del P. Dehon:

–   para la fundación de la Congregación: “Nuestro Instituto encuentra su origen en la experiencia de fe del Padre Dehon” (n. 2)

–   para la “vida espiritual” de sus miembros: en lo que, en la inagotable riqueza del misterio de Cristo, “corresponde a la experiencia del Padre Dehon y de nuestros mayores [nuestros primeros religiosos]” (n. 16).

101  A este respecto, se nota la modificación efectuada en 1979 respecto a la posición y el significado de estos números acerca de la experiencia del P. Dehon: en 1973 eran una simple introducción, premisa a nuestra “Regla de Vida”, y en 1979 es el primer capítulo de las Constituciones, subrayando así el carácter “constitutivo” de esta “referencia”.

102  La expresión: “Según el carisma…” puede parecer al inicio un poco  restrictiva y limitante. De todos modos sería irrigidir y falsificar el sentido si se tradujese con “espiritualidad dehoniana” o “espíritu del P. Dehon”. Nuestro texto no habla de “espiritualidad” ni de “espíritu” en el sentido tradicional de estas palabras y ni siquiera, como las antiguas Constituciones, de “fin especial”. Las expresiones de las nuevas Constituciones: “intención específica” y “caracter propio” (n. 6) están presentes como citas de los textos conciliares (cf. PC 2). Nuestro texto habla de “vida espiritual”, de “un común acercamiento”, de “atención especial” (n. 16), de “enfoque espiritual” (n. 26), de “carisma profético” (n. 27), de “manera de ser y de obrar” (n. 38) y de “testimonio profético” (n. 39).

103  El término “espiritualidad” es abstracto. Hablando de “espiritualidad propia y específica” se arriesga a insinuar la idea de un conjunto doctrinal, de una especie de ideología propia de un grupo, que se cultiva y desarrolla en un espacio cerrado, en su típica diferencia y distinción. El P. Bouyer ironiza sobre ciertas presentaciones de espiritualidad específicas de Órdenes, Institutos, fraternidades, conventículos o ambientes de vida (obrera, estudiantil, rural, etc.) (cf. Introduction à la vie spirituelle, pp. 22-24). Se puede hablar, en plenitud, solo de espiritualidad evangélica y cristiana.

104  Sin embargo, aún es una abstracción que una espiritualidad evangélica como tal, siendo de todos, no sea la de ninguno. Hay solo un Evangelio, anunciado y vivido por alguien (Mateo, Marcos, Lucas, Juan), y hay tantas “espiritualidades” evangélicas cuantas son las personalidades, según un acercamiento personal, con propias acentuaciones particulares y preferenciales, que caracterizan una experiencia espiritual y, de alguna manera, una “espiritualidad”.

105  Las expresiones arriba señaladas de nuestras nuevas Constituciones confirman lo que hemos puesto de relieve respecto a la marcha “existencial” y “de acuerdo con la experiencia” del conjunto del texto. Más que de “espiritualidad dehoniana” preferimos hablar de “fidelidad dehoniana”, de fidelidad (fidelitas) concebida y vivida en la fe (fides), la fe viviente: una fidelidad que nos une en la fe, la cual actúa mediante la caridad.

106  Esta fidelidad, en referencia a la experiencia del P. Dehon se justifica evidentemente mediante su carácter carismático. Como la de todo Fundador, la experiencia del P. Dehon es personal y ejemplar:

–   personal, y por ello incomunicable, no reproducible, claramente contradistinguida por varias características circunstanciales y culturales: su tiempo, su formación, su sensibilidad, su temperamento, su ambiente, las personas con las que vivió…, que no tienen nada de “carismático”

–   ejemplar (o arquetípico si se quiere), al menos en su marcha esencial, en su motivación profunda y en los fines perseguidos, en virtud de la gracia recibida, del carisma del Fundador, al que los textos conciliares y el texto de nuestras Constituciones hacen alusión (nn. 1-2). Y evidentemente, en este sentido, que la referencia a la experiencia del P. Dehon es para nosotros “constitutiva”.

2. La experiencia de fe del P. Dehon

107  En el texto de las Constituciones, la experiencia del P. Dehon se describe de modo muy sintético, casi elemental, apenas esbozada, pero sugestiva, en los nn. 2-5, según las siguientes articulaciones:

  1. Una vida “en la fe en el Hijo de Dios…” (Gal 2,20): la experiencia y la presencia activa del amor de Cristo en su vida, un amor de los que el Costado abierto y el Corazón traspasado son la expresión más evocadora (cf. nn. 2-3).
  2. Una gran sensibilidad al pecado… y a los males de la sociedad, de los que el P. Dehon ha estudiado atentamente las causas descubriendo la más profunda de ellas en el rechazo del amor de Cristo (cf. n. 4);
  3. “Cautivado por este amor no correspondido, quiere responder a él con una unión íntima al Corazón de Cristo, y con la instauración de su Reino en las almas y en la sociedad” (n. 4); fundando, por gracia y misión, la Congregación, para rendir a Cristo “el culto de amor y de reparación que su Corazón desea” (cf. nn. 6-7).

108  Los primeros dos puntos (a. y b.) indican y describen lo que podríamos llamar el primer tiempo de la experiencia de fe del P. Dehon: la llamada al descubrimiento del amor, con su típica característica del “amor no correspondido” (n. 4). El tercer punto (c.) introduce el segundo elemento: la respuesta del P. Dehon.

109  No existe aún un trabajo de conjunto profundo sobre la experiencia espiritual del P. Dehon. Ciertamente se pueden encontrar elementos en las diversas biografías, artículos y monografías. Pero un contacto directo con las fuentes siempre es más sugestivo.

110  El comentario del P. Carminati (pp. 1-12) reproduce (en francés) citas y documentos interesantes. Confróntese especialmente, para los años de seminario: NHV 5/132 – 6/27 o NQT 1–2. Para la fundación del Instituto: NHV 12/126-152 o también “Souvenirs” [LCC 8090139].

111  El Diario (NQT) es la fuente más rica junto con la correspondencia, sobre todo en sus últimos años, en los que el P. Dehon reexamina y medita sobre la acción de Dios en su vida.

112  Para los años de preparación a la fundación, véase el ensayo publicado en Studia Dehoniana 9: P. Dehon… Vocation et mission.

2.1. La presencia de un amor activo…

113  “Un amor cuya presencia activa (el P. Dehon) experimenta en su propia vida” (n. 2).

114  En esta fórmula vemos a menudo la expresión más característica y más fundamental de la experiencia del P. Dehon, que explica todo lo demás. Dos indicaciones nos ayudan a precisar su contenido:

–   “en la fe en el Hijo de Dios” (n. 2),

–   “cautivado por este amor no correspondido” (n. 4).

2.1.1. “En la fe en el Hijo de Dios…” (Gal 2,20) (n. 2)

115  El versículo 2,20 de la carta a los Gálatas es citado a menudo por el P. Dehon en sus “notas” y en sus obras, sin un comentario propiamente exegético, sino como expresión de su contemplación personal y para explicar su vocación y su vida. El P. Dehon se detiene sobre todo en el hecho del amor de Cristo que se entrega y, evidentemente, sobre la llamada personal expresada por la constatación: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20).

116  La referencia al “Corazón traspasado” (n. 2) es ante todo la ilustración viviente de esta experiencia. Es la “expresión más evocadora” (n. 2) del amor de Cristo, experimentado como activamente presente en su vida (la del P. Dehon): “Las palabras de Nuestro Señor a Santa Margarita María me impresionaban profundamente” (cf. NHV 12/144).

117  También está el misterio del “Costado abierto” (n. 2) que se evoca y experimenta como revelación de la “presencia activa” de Cristo: el Corazón, no solo como “imagen y símbolo”; sino como “don” y “fuente”.

118  Las Constituciones regresan al misterio del “Costado abierto” y a la devoción al “Corazón traspasado” a ellos en la descripción de “nuestra experiencia y vida espiritual scj” (cf. el segundo texto cristológico: nn. 19-21).

119  La cita de Gal 2,20 debe situarse evidentemente en su contexto (ante todo en el conjunto del versículo y también de toda la carta, pero más particularmente en la perícopa: Gal 2,16-21). Respecto al texto: “en la fe en el Hijo de Dios” (n. 2) (literalmente: la fe del Hijo de Dios), la TOB lo comenta con una interesante nota. Sin perjuicio por el alcance doctrinal y catequético del versículo respecto a la justificación mediante la fe en Cristo, se puede retener que esta justificación es efectiva mediante la fe de Cristo, la fe en la cual y con la cual Él cumplió su misión de salvación y la fe de que Él vive en nosotros.

120  La experiencia de la vida de fe es la de la unión a Cristo vivo en nosotros en la propia fe (en cuanto que se confía totalmente al Padre y le obedece filialmente) y su amor salvador. Nuestra vida de fe y de amor es, ante todo, acoger y dejar o hacer vivir en nosotros esta fe y este amor de Cristo. “Sin ser idéntica a la nuestra, la fe del Hijo de Dios es su fuente y modelo” (TOB). Hay en todo esto algo que no carece de interés y con consecuencias para el modo mismo de concebir nuestra oblación y nuestra reparación, en total conformidad con la auténtica teología de la caridad, sea paulina que joánica.

121  El problema de la “fe de Cristo” está al orden del día en la cristología (cf. entre otros H. U. von Balthasar y Guillet: La fede di Cristo).

122  La experiencia de la presencia activa del amor de Cristo en su vida personal, el P. Dehon la vive en la unión y la comunión, que Pablo expresa en la carta a los Gálatas: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (2,20). El Hijo de Dios vive en mí con su amor salvador, su fe y su amor.

2.1.2. “Sensible al pecado…” y “cautivado por este amor no correspondido…”

123  Estas dos expresiones pueden considerarse de modo conjunto. Todas se refieren a la “sensibilidad” del P. Dehon al pecado.

124  El n. 4 describe brevemente un doble acercamiento y el descubrimiento, más allá de su realidad, del misterio del pecado:

–   el acercamiento histórico y sociológico a los “males de la sociedad” y los “escritos sociales” del P. Dehon testimonian este acercamiento y su “sensibilidad” social;

–   el acercamiento propiamente teológico y teologal al pecado como “rechazo del amor de Cristo”, un rechazo que hace de este amor, ofrecido y activo, un amor rechazado, “no correspondido”. A este pecado el P. Dehon es teológica y espiritualmente “muy sensible”.

125  Esta reflexión sobre la “sensibilidad” dehoniana al pecado es particularmente importante respecto a la fundación y la característica propia de la Congregación, como Congregación reparadora. Y una de las motivaciones primitivas y profundas de la fundación del Instituto es el lazo vivido por el P. Dehon entre vida religiosa SCJ, devoción reparadora al Corazón de Cristo, acción y pastoral social… Es necesario un estudio sobre este argumento, no por simple curiosidad histórica o psicológica o en apoyo de ésta u otra perspectiva espiritual, apostólica, sociológica; sino para un conocimiento más auténtico de esta experiencia, en la que el Instituto encuentra su origen, descubre su naturaleza, su gracia, su misión en la Iglesia, su “carisma profético”, como afirma el n. 27 de las nuevas Constituciones.

126  El pecado se concibe y experimenta aquí no tanto como “rechazo a amar” (aversio a Deo), sino como “rechazado a abrirse al amor”, rechazo a dejarse amar, como clausura del hombre en sí mismo. Así como Pedro, rechazando dejarse lavar los pies, no puede tener parte con Jesús, el pecado no se considera ante todo como violación de la ley, como atentado a la gloria de Dios, sino como atentado y herida al ser mismo de Dios que es amor. En este sentido, Dios se ve precisamente tocado en su Corazón. El hombre que rechaza el amor de Dios de alguna manera está impedido de ser Dios. En esto consiste en verdad la causa más profunda de la miseria humana y de los males de la sociedad. En el máximo, el rechazo del amor, cerrar la puerta del ser al amor del Otro, es el infierno.

127  Esta experiencia del pecado como rechazo del amor ofrecido se debe tener muy presente para una buena comprensión de la experiencia del P. Dehon, de la naturaleza de su oblación, de su vocación reparadora, nacida de la contemplación del Corazón de Jesús y del mensaje de Paray-le-Monial.

128  Esto es lo que enérgicamente expresa la frase: “cautivado por este amor no correspondido…” (n. 4).

2.2. La “respuesta” dehoniana

129  Lógicamente esta “respuesta” no puede ser para el P. Dehon sino el efecto de la “presencia activa” del amor acogido, que lo ha “cautivado” y por el cual se ha dejado aferrar.

130  “Cautivado”, no en el sentido de “emocionado” o de “conmovido”, sin en el sentido de “apresado”. Como Pablo “conquistado por Jesucristo” (Fil 3,12) se lanza “para conquistarlo” (Fil 3,12), el P. Dehon, “cautivado por este amor no correspondido” quiere darle una respuesta (n. 4). Esta respuesta no es ante todo “compensación, satisfacción o expiación” (del pecado como rechazo de amor), sino apertura al amor, acogida del amor no correspondido, una acogida, que es en sí misma “reparadora” (y también “consoladora”), dando al Señor la alegría que Él manifiesta al verse reconocido y acogido por los pequeños (cf. Lc 10,21-22; Mt 11,25-26).

131  Aquí se subraya el dinamismo del amor, del amor que toma posesión del ser que se abre al amor no correspondido, al que se abre y del que experimenta en sí mismo la “presencia activa”.

132  La respuesta del P. Dehon consiste en dejar actuar en sí mismo el amor de Cristo:

–   mediante una unión íntima al Corazón de Cristo, la adhesión a Cristo que viene de lo profundo del corazón;

–   mediante la instauración de su reino en las almas y en la sociedad con su apostolado… y, con la gracia y misión especial, mediante la fundación de un Instituto religioso apostólico, una Congregación, cuyos miembros, implicados en el seguimiento de Cristo “para remediar el pecado y la falta de amor en la Iglesia y en el mundo” (n. 7) se propongan ofrecer a Cristo “el culto de amor y de reparación que su Corazón desea” (n. 7), o sea que, según la experiencia misma del P. Dehon, se abran al amor no correspondido de Cristo y experimenten la presencia activa de este amor en su vida.

133  Este es el sentido profundo de la afirmación inicial acerca del origen del Instituto y su relación esencial con la experiencia del P. Dehon, así como sobre lo que en esta referencia a la experiencia del Fundador sigue siendo para nosotros “constitutivo” y fuente de inspiración de una auténtica vida espiritual SCJ (cf. n. 16).

2.3. Notas complementarias

134  1) Respecto a la “impresión” del P. Dehon ante las palabras de Nuestro Señor a Santa Margarita María, recordada en las “Memorias” entre los motivos de fundación del Instituto (cf. NHV 12/144), subrayamos que este término “impresión” (o “impresionado”) es manifestativo, en las notas del P. Dehon, de una experiencia profunda (cf. las “Memorias” respecto a su primera comunión, a sus ejercicios espirituales, a su vocación, NHV 1/16; 52; 57-58). A esta “impresión” respecto al mensaje de Paray-le-Monial sobre L. Dehon, evidentemente contribuyó la experiencia del mal y del pecado, como amor no correspondido, sufrida en su ministerio en Saint-Quentin. Esta experiencia explica, según la expresión misma del P. Dehon, su “potente atractivo por una Congregación ideal de amor y de reparación al Sagrado Corazón de Jesús” (NHV 12/139).

135  2) En apoyo y como confirmación de la interpretación dada a la “respuesta dehoniana”, aportamos dos reflexiones del mismo P. Dehon:

–   Sobre el sentido de su “oblación”, que él acerca a la ofrenda de Teresa de Lisieux, una ofrenda a la cual, desde el momento que la conoció, retornó en diversas ocasiones escribiendo en particular: “Hemos nacido del espíritu de Santa Margarita María y nos acercamos al de sor Teresa” (NQT 45/67-71: abril de 1925). A esta ofrenda de Santa Teresa de Lisieux, el P. Dehon consagró, desde 1905, una meditación de sus Couronnes d’amour (CAM 3/213-218).

–   Respecto al lazo de su oblación con su experiencia de los males de la sociedad y con su personal misión social, citamos estas sorprendentes palabras a sus novicios de 1880, respecto al “puro amor”: “La reparación mediante el puro amor la practicó Nuestro Señor durante toda su vida y la pide también hoy, porque es la salvación de la Iglesia y de los pueblos. Ella resuelve la actual cuestión social” (CFL 3/62-63).

136  Y une al motivo mismo de la fundación del Instituto la mejora de los pueblos, mediante la “reparación” a través de las almas consagradas y de los sacerdotes que preparan y determinan esta mejora.

137  También en este sentido, nos parece que la muy sintética presentación de la experiencia del P. Dehon en nuestras Constituciones es profundamente fiel a su pensamiento y a sus intenciones.

3. Conclusión

138  De la experiencia espiritual del P. Dehon, nuestras Constituciones nos proponen un diseño del que debemos retener las grandes líneas, como ejemplares y arquetípicas de una experiencia y una vida espiritual para los miembros de la Congregación.

139  Experiencia de una vida de amor, cuya fuente es la presencia activa del amor de Cristo, fundamentalmente “mística”, en el sentido amplio del término, como manifestación de un misterio de unión. No se trata, por tanto y ante todo. de una ascesis de la imitación y del esfuerzo moral, aun siendo ya aceptado que no hay vía de unión sin una seria ascesis purificadora. “Unión” y “adhesión” son los términos característicos de la experiencia espiritual dehoniana, en la línea de la “adhesión” a los “estados” de Cristo, sostenida por el card. de Berulle, por la Escuela francesa y, más generalmente, por toda la tradición espiritual cristiana, retomada bajo el signo y en el movimiento de la devoción al Corazón de Cristo.

140  Experiencia de una unión de amor de la cual la ley no puede ser sino la del amor de Cristo que es sin medida, la ley del “puro amor” siempre en tensión, según la fórmula paulina (Fil 3,12-14): “Conquistado por Jesucristo…, me esfuerzo en correr para conquistarlo…”. Esta es mi única preocupación: “Olvidado el pasado y tendido hacia el futuro (epekteinómenos), corro hacia la meta…”. Es la ley de la “respuesta” de amor, del empuje que nace de la posesión, es la “epéktasis”, según Gregorio de Nisa, un neologismo que evoca la omnipotencia de Dios y el deseo, la tensión espiritual y mística del alma hacia él, que es el Santo, el totalmente Otro. Esta experiencia de amor es la que encontramos tanto en el P. Dehon como en S. Pablo: una tensión espiritual y mística que es la fuente de su empuje apostólico. No es solo la unión como “alma”, como base de su apostolado, sino que es la fuente, la razón misma de su apostolado, en virtud de la naturaleza del amor – agape de Cristo, que actúa en nosotros.

141  La nuestra es una experiencia de vida religiosa necesariamente apostólica y, por su naturaleza, también profundamente contemplativa: “En las obras -declara el P. Dehon a sus novicios- nuestra vida estará ampliamente permeada por la vida contemplativa” (CFL 2/3: 9 de abril de 1880). En la medida en que nuestra vida religiosa es y debe ser unión de amor a Cristo que nos amó y se entregó, es vida de Cristo que ama y se entrega en nosotros: es vida esencialmente apostólica. No una “vida mixta” según una cierta terminología tradicional, sino experiencia de la presencia activa del amor de Cristo en nuestra vida personal.

142  Sobre estos elementos se debería verificar y desarrollar la descripción de nuestra personal experiencia y vida espiritual, para corresponder a “la experiencia del Padre Dehon y de nuestros mayores” (n. 16).

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