04 octubre 2020
04 oct 2020

Fratelli tutti

© photo credit: Vatican media/Romano Siciliani

Carta del P. Carlos Luis Suárez Codorniú, Superior General,
con motivo de la publicación de la Encíclica “Fratelli tutti” del Papa Francisco.


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Queridos hermanos y miembros de la Familia Dehoniana,

Con motivo de la fiesta de San Francisco de Asís, el Papa Francisco nos ha entregado su nueva encíclica “Fratelli tutti”, firmada ayer ante la tumba de San Francisco, en Asís. Esta nueva encíclica se centra en la fraternidad y la amistad social.

La pandemia del Covid-19 ha irrumpido en nuestra vida personal, comunitaria y social interpelándonos a reconocernos siempre más hermanos y hermanas frágiles en la misma barca: “que en esta época que nos toca vivir […] podamos hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad. […] Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante” (FT 8).

Esta nueva Carta Encíclica tiene mucho que decir a nuestra vida Dehoniana. La experiencia de fe del P. Dehon fue similar a la de San Francisco. Ambos comprendieron que “Dios es amor; quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él” (1Jn 4,16). Esta misma experiencia de fe es también nuestra experiencia de fe (cf. Cst 9).

Francisco de Asís sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos. Su corazón no tenía fronteras, fue capaz de caminar más allá de las distancias que imponen el origen, la nacionalidad, el color o la religión (cf. FT 2-3). El P. Dehon hizo suyo el “el ministerio entre los pequeños y los humildes, los obreros y los pobres” (Cst. 31) y se entregó a construir el Reino del Sagrado Corazón en las almas y en las sociedades. También nosotros, según los signos de los tiempos, “queremos contribuir a instaurar el reino de la justicia y la caridad cristiana en el mundo” (Cst. 32).

Esta experiencia de fe, sin embargo, exige que tengamos un corazón abierto al mundo. En este sentido, la página evangélica del buen samaritano (cf. Lc 10,25-37) es también una llamada permanente a vivir la dimensión social y política de nuestra fe. El Papa Francisco, comentando este episodio, escribe: “Enfrentamos cada día la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajantes que pasan de largo. Y si extendemos la mirada a la totalidad de nuestra historia y a lo ancho y largo del mundo, todos somos o hemos sido como estos personajes: todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo del buen samaritano” (FT 69).

Comentando esta página evangélica, el P. Dehon escribió: “El buen samaritano no tiene un corazón de juez, sino el corazón de un padre, de un hermano y de un amigo; y ustedes saben que el Buen Samaritano es Jesús, que tiene un corazón compasivo” (La Couronne de Sacre Coeur, EXT 8035184/5)

No podemos permanecer indiferentes a la apremiante invitación que el Papa dirige a cada uno de nosotros. Estamos llamados a tener el corazón abierto del buen samaritano para afrontar “una serie de retos que nos descolocan, nos obligan a asumir nuevas perspectivas y a desarrollar nuevas reacciones” (FT 128): las personas que migran, las crisis humanitarias, las relaciones entre Oriente y Occidente, la globalización, la degradación social, una mejor política, el diálogo social, el camino ecuménico, el diálogo interreligioso.

Que la lectura y la reflexión de esta nueva Encíclica reaviven en cada uno de nosotros, en nuestras comunidades y en nuestro apostolado el espíritu del buen samaritano, la sensibilidad y el compromiso social de nuestro fundador al servicio del Reino.

Fraternalmente en el Corazón de Jesús,

P. Carlos Luis Suárez Codorniú, SCJ

 

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