27 marzo 2021
27 mar 2021

Las paradojas de la fe

Domingo de Ramos

de  Joseph Kuate, scj

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Este domingo, que nos introduce en el clímax de la Cuaresma, tiene dos denominaciones: Domingo de Ramos y Domingo de la Pasión. Reúne dos acontecimientos de la vida de Nuestro Señor Jesús separados por una distancia de seis días, a saber, su entrada triunfal en Jerusalén y su pasión y muerte. Este domingo también introduce la Semana Santa, durante la cual reviviremos en espíritu la última semana de Nuestro Señor Jesús en Jerusalén, que termina con su muerte y resurrección. Observamos a través de la Palabra de Dios hoy, las paradojas.

Paradoja de la multitud. La misma multitud que le aclama a su entrada en Jerusalén con toda la reverencia posible, se pronuncia con venganza unos días después por su crucifixión y la liberación de un malhechor.

Jesús, de naturaleza divina, renunció a todas las prerrogativas divinas (omnipotencia, omnisciencia…) para ser crucificado como un vulgar bandido después de haber sufrido todas las humillaciones posibles. Pablo dirá, predicamos un Mesías crucificado, un escándalo para los judíos, una locura para los gentiles, pero para los que creen en él, es Sabiduría de Dios.

Pedro, muy entusiasmado por seguir a su Maestro en la cárcel, lo niega y los apóstoles, a los que llamaba sus amigos, huyen todos cuando es detenido para esconderse.

¿Cuál sería nuestra actitud si hubiéramos participado en ella? Seguramente, la multitud es como nosotros. A veces cantamos las alabanzas del Señor a voz en cuello, pero poco después nos comprometemos en actos que no le honran. Cuando recibimos los sacramentos (bautismo, confirmación, matrimonio, reconciliación…) prometemos fidelidad y, como Pedro, preferimos la muerte antes que traicionar el compromiso adquirido. Pero, ¿cuántas personas que han recibido los sacramentos de iniciación siguen pisando la iglesia? ¿Cuántos están todavía dispuestos a defender su fe cristiana o a burlarse de los que han permanecido fieles a la Iglesia? ¿Qué es lo que nos hace desviarnos de los caminos tomados tras el Señor? Son las tentaciones y las dificultades de la vida. El público sigue los estados de ánimo. Quien quiera ir en contra de la corriente de la multitud es indexado, marginado e incluso perseguido. El miedo a ser molestado o a perder ventajas o a ser perseguido nos hace sucumbir a la tentación de complacer a la multitud o de defender el amor propio como Poncio Pilato o como Pedro. Éste trató de seguir a su Maestro como había prometido e incluso de defenderlo en el Huerto de los Olivos. Pero la violencia física y verbal dirigida a su amo le llevará a negar conocerlo. Sin embargo, cuando el gallo canta, recuerda lo que el Maestro le había dicho: “Antes de que el gallo cante hoy, me habrás negado tres veces. Así que, tras darse cuenta de su traición, se fue a llorar. Cuando el gallo de nuestra conciencia canta para recordarnos nuestras traiciones, ¿volvemos atrás o perseveramos en nuestros pecados sofocándolo?

No todos huyeron de Jesús ni se avergonzaron de su humillación. Las mujeres le siguieron hasta la extenuación experimentando su impotencia para frenar el mal. A veces huimos de la injusticia porque nos sentimos impotentes para detenerla. Estas mujeres nos muestran que nos equivocamos o somos cobardes cuando no defendemos una causa justa hasta el final.

Señor, no nos trates según nuestra cobardía, nuestra indiferencia hacia los que sufren como tú y que encontramos en nuestros caminos. Que la celebración de tu pasión provoque el cacareo de nuestras conciencias para despertarnos del sueño de nuestras debilidades, para que las lloremos amargamente como Pedro y nos levantemos contigo en la Pascua más decididos a confiar en ti.

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